Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / ABR 05 2018

¿Atrapados sin salida?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Con un paisaje paradisiaco de fondo, tendida de lado sobre una toalla, luciendo un diminuto traje de baño que dejaba al descubierto su abdomen tonificado, apareció en Instagram en 2015 la modelo australiana Essena O’Neill, una de tantas chicas que hacen lo imposible por parecer perfectas y ‘naturales’ en cada imagen compartida en redes sociales.

Esta joven, que a los 18 años tenía más de 610.000 seguidores en Instagram, terminó convirtiéndose en referente del estilo de vida ideal para millones de adolescentes. A finales de 2015 antes de abandonar la plataforma, a la que calificó como ‘perfección artificial para llamar la atención’, decidió confesar una realidad que ya no soportaba: “Parecía que tenía la vida perfecta pero realmente me sentía sola y miserable por dentro. Nadie sabía que tenía un desorden de ansiedad social. Estaba cansada de mantener una imagen que no existía. No lo hacía conscientemente, simplemente estaba obsesionada con gustarle a los demás”.

Este caso, que a diferencia de otros terminó en reflexión y no en desgracia, refleja la angustia de niños, jóvenes y adultos por ser aprobados o legitimados en público. De esta manera el mundo digital amplifica nuestras necesidades emocionales causando serios desórdenes, convirtiéndose en un enemigo invisible.

Estudios desarrollados por científicos y expertos en el tema, han arrojado como resultado que en el caso de usuarios de redes como Facebook, YouTube, Instagram, Twitter y Snapchat, los estados depresivos, la falta de autoestima, estrés, adicción, envidia y soledad, están relacionados con la calidad de las interacciones en línea.

La percepción que al principio teníamos sobre las redes se ha ido transformando. En un primer momento pensábamos en ellas como herramientas para compartir ideas, conectar amigos y salir de la monotonía que generaba internet. La mirada sobre estas tenía tintes democráticos, pues empoderaban al ciudadano del común permitiéndole expresar aquello que antes era imposible. Hoy día la realidad es distinta. Medios como Whatsapp se han ido convirtiendo en vehículo de noticias basura, propagadores de calumnias y odios, de mentiras que se repiten sin contraste alguno; una especie de sifón donde se vierte lo peor de la condición humana, afectando el equilibrio emocional propio y ajeno.

Zygmunt Bauman, sociólogo de origen polaco, calificado como uno de los grandes pensadores europeos de los últimos tiempos, refiriéndose a la sociedad actual afirmaba: “Las redes sociales son una trampa. En ellas es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu lugar de trabajo. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades e involucrarte en un diálogo”.
Las redes están ahí, por tanto necesitamos aprender a integrar redes sociales virtuales con relaciones sociales reales. Lo contrario nos expone a un grave riesgo: quedar atrapados en una telaraña digital que afectará nuestras emociones y de la cual será cada vez más difícil salir.


* Exasesor Oficina del Alto Comisionado para la Paz

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net