Jueves, 20 Jun,2019
Opinión / MAR 07 2019

Atravesando el puente

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El grito, una de las pinturas más famosas de la paleta del artista noruego Edvard Munch, muestra a un ser sujetándose la cabeza profiriendo un alarido de angustia, es un personaje asexuado de rasgos borrosos con lo que se caracterizaría a un humano, del cual no se sabe por qué lanza semejante grito desgarrador y precisamente sobre un puente, desafiando al observador del cuadro.

 

Parece extraña esta composición si la convención sobre los puentes ha sido una forma de acortar distancias, salvar obstáculos, unir regiones, incluso fronteras entre países. Encontrarse con un puente sería señal de progreso tecnológico, la promesa que al otro lado lo espera una naturaleza dominada por el hombre y una sociedad que lo recibirá con los brazos abiertos.

Esta inquietante pintura permite hacer la siguiente reflexión un tanto polémica: tal vez ese puente ya no significa dejar un pasado indeseable y abrirse a una promesa al cruzarlo, sino la expresión del horror de lo que dejó atrás y el horror que le espera al atravesarlo.

Atrevidamente, se podría decir, que este cuadro refleja muy bien la condición de los emigrantes que han tenido que abandonar sus patrias huyendo del terror para ingresar en otro terror donde serán vistos como ese personaje andrógino. A propósito, denuncia el movimiento de los indignados que, el 99% de los habitantes del planeta están siendo desplazados de sus hábitats: cargando la nostalgia de lo arrebatado y enfrentando la imagen incierta de lo desconocido.

Así, muchos puentes, sobre todo los fronterizos, nacionales o internacionales, se han convertido en obstáculos, en muros que hay que saltar ilegalmente. Es escapar de una celda para acostumbrarse a otra, aforismo expresado por Frank Kafka. Porque donde vayan serán unos extranjeros indocumentados, señalados de ilegales y convertidos en emigrantes delincuentes.

Se sabe que Europa y el norte de América se quejan de estar invadidos por estos delincuentes, que ahora son expulsados, y para evitarlos construyen puentes y muros. Entonces, no les queda más que la deriva a través del planeta buscando el sueño de ciudades hospitalarias, deambulan igual que los personajes de Munch, en, Ansiedad, otro de sus cuadros: rostros cadavéricos prolongados en trajes negros empujándose sobre un puente que los conduce a ninguna parte. 

Coda. Edvard Munch supo dibujar la condición de los nuevos habitantes del planeta, una sociedad nómada, sonámbula, rumbo al matadero.

 


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