Miércoles, 14 Nov,2018

Opinión / AGO 13 2018

Atraviesa la papa

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Existe un ejercicio que consiste en atravesar una papa cruda por la mitad, con un pitillo. 

A simple vista es ilógico e imposible: el objeto utilizado para hacerlo es frágil, se dobla e incluso se rompe con facilidad, su borde es débil —está diseñado para tomar contacto con labios humanos, sin herirlos—.

La papa por su parte es dura – solo se torna blanda cuando pasa por el fuego – y en apariencia, luce demasiado gruesa para cruzarse con algo carente de filo y sin por lo menos, la misma consistencia.

Sin embargo, es posible y existen evidencias.

¿Qué se requiere para lograrlo? Que la fuerza de la intención —y de la mano— de quien lo hace, se trasfiera… ¡y estará hecho!

¿Qué puede representar un ejemplo como el que fue ilustrado, para la vida?

Primero: toda clase de barreras pueden ser atravesadas. Los seres humanos poseemos muchas: miedo, inseguridad, bajo amor propio, pereza, indisciplina, rencor, ira, indiferencia…

Algunas personas —desde la inconsciencia—, eligen vivir con ellas o simplemente, no las ven. Hay quien las convierte en un muro, que los ‘protege’ y los aleja de los demás y lo que es peor, de ellos mismos y de la posibilidad de alcanzar sus sueños. Se convierten en talanqueras que les impiden avanzar hacia un horizonte de logro y felicidad.

Si alguien consigue verlas, aceptar que existen y cruzarlas, igual que con la papa, la fuerza de su determinación las cruzará.

Segundo: la acción —no la intención— es lo que hace la diferencia. Hay quien tendrá un gran deseo de atravesar la papa, sin embargo, al arrojar su brazo empuñando el pitillo, transmitirá debilidad y duda. El resultado será: un tubo de plástico doblado y un tubérculo intacto. Lo mismo ocurre con las limitantes que poseemos: mañana cruzaré mi pereza… Un día venceré mi indiferencia… Alguna vez atravesaré este miedo… Luego tendré la conversación que está pendiente… En el futuro —no sé cuándo— me quitaré del cuello la piedra que me mantiene con un ancla en el pasado, viviendo en el dolor, el resentimiento y la rabia… Esas intenciones, sin acciones contundentes, se quedan en una posibilidad que jamás se concreta. Se requiere tomar el pitillo y ponerle fuerza… O nada pasará.

Tercero: es necesario creer que se puede, para poder lograrlo: Seguramente un gran escepticismo acompaña a quien emprende la tarea mencionada… Ocurre igual con los grandes desafíos de la vida y con las cosas que necesitamos superar para avanzar.

Si estamos convencidos, haremos que ocurra. Si nuestras conversaciones son limitantes, hechas de miedo y duda, recogeremos la evidencia de la imposibilidad —que está dentro, no fuera—. Creer crea.

Cada persona puede atravesar su propia papa… Si lo elige, si tiene convicción, si persiste y hace lo que se necesita para lograrlo. 

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