Martes, 18 Jun,2019
Opinión / MAY 24 2019

¿Buena suerte o cuídese?

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¿Por qué hablamos así? Las palabras indican más de lo que dicen. A través de las palabras se pueden observar cambios sociales. Si se las examina detenidamente y se les compara con enunciados que se dijeron en otro tiempo, es posible aventurar una conjetura sobre lo que pasa en la sociedad. Las palabras de los hablantes pueden ser síntoma de un cambio. Funcionan como los indicios en un relato de detectives, o como los síntomas del cuerpo.

Me llama la atención el cambio ocurrido en el modo como al despedirse una persona expresa su despedida. ¿Ha pensado usted en la expresión que usa cuando termina la conversación con alguien y se separan? En Colombia, en diez años cambió el uso de ciertas expresiones. Mi hipótesis es que esto tiene que ver con hechos sociales y con la manera de imaginar el entorno. ¿Qué fuerzas nos rodean, qué accidentes superamos, el entorno es desconocido, confiable o intimidante?

 Estas preguntas se refieren a las palabras al decir adiós o hasta pronto. En todas las culturas la expresión final, al decir hasta pronto, funciona como exorcismo. Podemos compartir una creencia en algo que nos acompañará cuando ya no estamos con quien acabamos de ver. Podemos compartir un amuleto verbal o físico o imaginario al momento de despedida. ¡Adiós! supone deseos. Estás llamando una protección para quien se marcha. ¿Siempre era así?

 En mi niñez había la costumbre de despedirse así: – Amacita, la bendición. Es claro el contexto social de creencias compartidas. Esta invocación en otras lenguas tiene una parecida: –Todo lo mejor para usted. Pero los cambios en la vida social modifican la imagen que la gente tiene de cuál es el entorno y cuáles son los deseos para decirle algo a alguien en la despedida. Hasta hace poco se decía – ¡Buena suerte! En un contexto más laico y menos religioso.

 El exorcismo invocaba un augurio positivo para neutralizar un augurio funesto. Espantaba la mala suerte. El autor de la expresión deseaba un camino favorable a su interlocutor. En Colombia decíamos: -¡Qué le vaya bien! Y esta era una abundancia de buenos deseos, una actitud comprometida en la imaginación y el corazón con el destino del otro, llegará: lo bueno, lo que le protege. El contexto al que aludía la expresión puede interpretarse como que el camino sería favorable, que la estructura afectiva y social estaría de su lado.

 Había una ilusión de que el entorno podía ser influido con la expresión y la voluntad de los dos copartícipes de la despedida. En la última década esta expresión en las grandes ciudades colombianas ha sido sustituida. –¡Cuídese! Le dicen a uno al despedirse. Ya no se desea un entorno de suerte, el interlcutor no es cómplice con uno en el deseo de que el camino sea favorable. La expresión traduce el pesimismo. Seré sincero, dice el interlocutor, no puedo hacer nada por usted, lo cierto es que va a enfrentar la adversidad. Y estará solo. Cuídese. La expresión es síntoma de lo que pasa en las grandes ciudades.


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