Martes, 18 Jun,2019
Opinión / NOV 26 2018

C. S. de la Uniquindío llama a claudicar

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es comprensible que después de la reunión donde el presidente Duque acordó con los rectores de las universidades públicas un aumento del presupuesto del IPC más 3 puntos para el 2019 y 4 puntos para los siguientes años hasta el 2022, los directivos universitarios intentaran normalizar las actividades académicas. El gobierno confió que el acuerdo con los rectores desmovilizaría a estudiantes y docentes.

No fue así. El novicio presidente Duque no comprendió que los directivos universitarios son actores de reparto y que el actor principal del movimiento ha sido y serán los estudiantes. El movimiento estudiantil en América Latina está cumpliendo 100 años de acciones históricas en la defensa de la educación pública y superación del oscurantismo académico. Es una larga experiencia.

Esta centenaria lucha encarnada actualmente en el movimiento estudiantil acompañada por los docentes, tiene como propósito central una política de Estado que fortalezca definitivamente la universidad pública colombiana y no simplemente soluciones para periodos de gobierno de 4 años y administraciones de rectores en tránsito. En síntesis el conflicto actual tiene un fondo histórico: el cortoplacismo del gobierno contra una alternativa que asegure educación superior de calidad para las nuevas generaciones de jóvenes colombianos.

Se equivocó el gobierno y los rectores al no haber convocado a aquella reunión a los actores principales del movimiento, lo que ha prolongado innecesariamente el paro universitario y ha contribuido al desplome del prestigio del gobierno de Duque. 

Han tenido muy mal recibo entre estudiantes y docentes las comunicaciones del consejo académico y del consejo superior de la universidad del Quindío por su contenido incoherente, puesto que dicen estar de acuerdo con los propósitos de la lucha universitaria y luego exhortan a los estudiantes a normalizar actividades académicas a partir del 26 de noviembre como condición para no suspender el semestre. Ellos saben que los paros desgastan y generan incertidumbre entre estudiantes y profesores lo que podría conllevar una fractura del movimiento que hasta ahora se ha mantenido sólido.

Estos organismos deberían estar presionando al gobierno nacional para que en las negociaciones con el movimiento universitario hagan causa común para lograr una política de Estado y fortalecer la universidad pública.

Desde esta columna hacemos un llamado al decano de la facultad de Ciencias de la Salud, para que cese su presión sobre los estudiantes de esa facultad, que en un acto admirable se han puesto adelante del movimiento y varios de ellos, junto a estudiantes de otras facultades, reiniciaron la huelga de hambre que ya completa ocho días en protesta por la posición del consejo superior en su último comunicado. Serán responsables de su suerte. 

Finalmente es razonable concluir que si en aquella reunión del presidente con los rectores hubieran invitado a los demás actores, seguramente se habrían logrado mucho antes, acuerdos que hubieran permitido la normalización de las actividades académicas. Lo claro es que una virtual suspensión del semestre es responsabilidad del gobierno y de los consejos superiores universitarios.

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