Jueves, 23 May,2019
Opinión / DIC 07 2018

Candidatos, ¡a sus marcas!

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En una especie de ‘alteración del orden’, se aproxima otro año electoral en 2019, esta vez para elegir alcaldes, gobernadores, concejales, ediles y diputados. Y desde ya suenan aspirantes a llenar esos cargos. Después, desfilarán por la pasarela publicitaria para mostrar sus atributos, con los que pretenden conquistar al esquivo electorado, que, aunque escéptico, vota, unas veces por convicción —conoce el candidato y cree en él—, por patriotismo —considera que votar es un deber—, por interés —si gana determinado candidato puede conseguir algo— o seducido por una dádiva —tamal, lechona, ron o plata en efectivo—.

Un año electoral traumatiza muchas de las actividades públicas, como la contratación, que, en cumplimiento de la absurda ley de Garantías, que pretende evitar que los ordenadores del gasto inclinen sus decisiones a favor o en contra de tal o cual candidato, paraliza buena parte de las actividades públicas, congela recursos en los bancos y deja en suspenso obras indispensables. Sin embargo, la marrulla contratista, aliada con los administradores públicos de sus afectos, antes de que la mencionada ley entre en vigencia presenta sus propuestas y saca los desembolsos; y las nóminas paralelas se suplen con tiempo, especialmente las que favorecen a candidatos de la cuerda de las administraciones. Los que se quedan viendo un chispero son las instituciones culturales, los eventos cívicos, el suministro de alimentación y transporte de escolares y las prestadoras de servicios de salud, que tienen que esperar a que pasen las elecciones para suscribir los contratos y recibir los aportes que les corresponden. La cultura no da votos y los niños y los enfermos no votan, por lo que hay que privilegiar a los contratistas que aportan a las campañas. Por esa razón, por estas calendas se ven pueblos y ciudades rotos y desbaratados, dándoles los alcaldes trabajo a quienes ayudarán a financiar las campañas de los candidatos de sus simpatías.

La próxima convocatoria electoral puede ser también una esperanza para muchas familias, que no saben qué hacer con maridos fracasados o muchachos inútiles. -Yo no sé, querida —le dice una señora a su parienta— qué hacer con Francis. En las pruebas para entrar a la universidad perdió hasta los exámenes médicos; aquí vive en la casa echado en la cama chateando con las amigas; ningún trabajo de los que le hemos conseguido le sirve… Mejor dicho, no sabemos qué camino coger con él. -Ole —le dice la parienta—, ¿por qué no se presenta de candidato al concejo? Ustedes se gastan una plata en la campaña, pero quién quita que salga. Los sueldos de los concejales no son malos; no se requiere examen de admisión, no es necesario saber nada y tampoco hay que hacer nada. Preciso para Francis.


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