Martes, 13 Nov,2018

Opinión / MAY 29 2018

Canto a la paz

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ahora, que al parecer te acercas, las cenizas de la guerra se diluyen en el mar de nuestros sueños por cumplir. Hace apenas pocas bombas, los poderosos te daban por muerta. Y no era para menos: ya te habían cercenado las piernas, se habían bebido tu sangre, habían servido en copas de olvido el suplicio embriagador de los que, hastiados del dolor, reclamaron tu presencia.

Ahora, que al parecer te acercas, en este instante, en el momento menos esperado, en este punto ciego de la historia, tu futuro imperio golpeará sus rostros con la fuerza del nunca más. ¡Míralos temblar! Fueron ellos los que ordenaron tu muerte. Son ellos los asesinos de todos los tiempos y todos los sueños, los depredadores de vidas y esperanzas. Míralos, ahí están: listos a fundirse en un abrazo, morigerado, tímido abrazo, culposo, vergonzante abrazo. Míralos, ahí están: huérfanos de agallas y excusas. Castrados de poder y autoridad moral. Cuánto llanto, paz, cuánta sangre, cuántos lustros de desastre, cuántas muertes, cuántas vidas, cuántas ganas de alcanzarte. Llegarás pronto, lo sé. Plantarás en la memoria de tu pueblo semillas de reconciliación y café. Retornarás a las montañas el aroma a eucalipto y hierbabuena. Colgarás en las ventanas del futuro tus guirnaldas amarillas. Borrarás de nuestro cielo el rancio azul de metileno. Y si de algún color has pintar el horizonte, lo harás de aguamarina y arcoíris. Mientras tanto, solo mientras tanto, seguiremos reclamándote en las calles y andurriales. Dedicaremos los esfuerzos al elogio del derecho, no al imperio de las leyes. Ya nadie podrá obligarnos a renunciar a la crítica. Ya nadie tendrá cómo pastorearnos en los campos del silencio. Las campanas, mecidas por los vientos de cambio, cantarán la melodía de los libres. Un nuevo rumbo será definido, sin tanto mito, sin líneas rectas, sin falsos profetas impartiendo el porvenir. Lleva nuestras emociones a lugar seguro, paz, lejos del pasado y los malos augurios. Ven para quedarte. Y quédate, pero atenta, pues el enemigo acecha. Viene a convertirte en recuerdo, en simple recuerdo de lo que pudiste ser, de lo que fuimos los que te soñamos. Viene a hacer sentir su tedioso frío en nuestros huesos, a despedazar las noches, una tras otra, a dejarlas caer como astillas de hierro sobre los cuerpos inermes. Entonces todo oscurecerá. Los oídos ya no te escucharán. No te verán los ojos. No hablarán de ti las bocas. No te sentirán las almas. Escapará el Sol por el horizonte, irá al rumor de putas y bohemios, sacudirá algún día nuestras cabezas, preguntará si aún estamos vivos, y llorará sus lágrimas de fuego. Habrá que correr todos los riesgos, paz, habrá que reprimir todos los miedos. Porque de un lado estás tú. Porque del otro, la guerra. 

 

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