Miércoles, 21 Nov,2018

Opinión / MAY 11 2016

Carta abierta a Carlos E. Osorio

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Señor gobernador presbítero Carlos Eduardo Osorio, permítame recordarle, para comenzar esta breve misiva, un pasaje del Evangelio de Lucas. En el capítulo séptimo Jesús responde con la enumeración de sus actos la pregunta de los emisarios de Juan el Bautista, quien en ese momento cargaba las cadenas de la injusticia y estaba a poco de perder la cabeza, sobre si era él el mesías o la espera debía continuar.

 Les dijo el nazareno: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio”. Las obras, señor gobernador, las obras son la única manera de demostrarle al mundo la sinceridad y pureza de las intenciones.

En los pasados comicios la ciudadanía quindiana le dio un sonoro NO —sí, en mayúsculas sostenidas— al proyecto político de Sandra Hurtado y de la pandilla de Cambio Radical.

Los quindianos vimos en usted la opción para salir del atolladero de un gobierno departamental que, salvo las montañas de basura acumuladas después de los conciertos de música de despecho, nada le dejó al Quindío. Bueno, sí, sí le dejó otra cosa: el desprestigio de encabezar las listas nacionales de desempleo, suicidio, consumo de estupefacientes.

Señor gobernador, llegó la hora de pasar de los discursos a los hechos —si no es ya, ¿cuándo?—. El país recordó en febrero la vida y la muerte del padre Camilo Torres.

La mejor enseñanza dejada por el polémico sacerdote es aquella que el amor, para ser verdadero, debe ser eficaz. Estamos, los ciudadanos del Quindío, hasta la coronilla del carrielismo, del hurtadismo, del totismo, de Cambio Radical, del MIL, de la Unidad Nacional, de la mermelada santista, de la socialbacanería, del uribismo.

Hartos de ver a la universidad del Quindío, a la CRQ, a la EPQ, a la asamblea, a las alcaldías convertidas en feudos electorales en los cuales los politiqueros de siempre sacian su avidez burocrática.

Esperamos de usted —para eso lo elegimos— decisiones y actos concretos a favor de los quindianos de a pie, no pactos con los mendaces ni abdicaciones ante quienes nos llevaron al borde del abismo.

Lamento decirlo pero en honor de la verdad lo hago: una duda crece en el interior de los más de  120 mil quindianos que en las urnas le dijimos basta a Sandra Hurtado y a usted apoyamos: ¿de qué sirvió hacerlo? Al sol de hoy poco, casi nada, ha cambiado en el departamento.

Ojalá usted no engrose la lista de mandatarios amnésicos. Si, para cerrar, me permite la temeridad de darle un consejo, aquí va: no le preste oídos a los lisonjeros y escuche con cautela a los encopetados expertos de aquí o de allá. Su norte debe ser el del buen gobernante: dignificar la vida de todos, sobre todo de los pobres.

Al fin y al cabo, y eso usted lo sabe, a quien mucho se le dio, al final de la jornada mucho se le pedirá. 

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