Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / AGO 24 2017

Carta abierta a novicios de Torquemada

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"El sexo hace parte de la vida y nada de ella le puede ser ajeno al arte auténtico..."


Respetados funcionarios de la secretaría departamental de Cultura: aquí, ante el público lector, les manifiesto mi asombro y tristeza. No, no y no. La censura –llamemos las cosas por su nombre– de la serie Bedtimes, del artista plástico Jorge Gustavo Valencia, confirma una vez más la regla del elefante en la cristalería: al relacionarse con la cultura y la vida del espíritu la burocracia lo arruina todo o casi todo. Las peregrinas razones del atropello a la libertad de expresión –esgrimidas por ustedes en entrevistas concedidas a periodistas locales y nacionales– dejan en evidencia una idea ornamental y frívola del arte. ¿Pretenden ustedes, comisarios de la moral, poner límites a los contenidos estéticos y a los procedimientos artísticos de las obras exhibidas en la Sala Roberto Henao Buriticá? ¿Tal vez solo quieran exponer manchas cromáticas, paisajes de postal o colecciones de guaduas, barranqueros, tiples, fondas y arrieros?  

Así ustedes  –custodios de las buenas maneras– frunzan la nariz, el arte señala la cruda desnudez de la realidad. Por eso, en un acto luciferino se embadurna de mierda, semen, linfa, sangre, tierra, savia. Si se mira con lupa el motivo de su atrabiliaria decisión –la supuesta defensa de la infancia– encuentra el observador un no velado talante homofóbico. La homosexualidad no es un crimen ni un pecado ni una anomalía: es un camino vital y erótico respetable. Los miembros del arcoíris lgbti son ciudadanos iguales a ustedes y a mí ante la ley: tienen los mismos derechos y deberes similares. En consecuencia, resulta discriminatorio ocultarle a los niños las manifestaciones afectivas de estos grupos. Retirar esos dibujos de una muestra de arte local a la postre es tan improcedente como increpar a dos chicos que se besan en la calle, a dos chicas que van tomadas de la mano por una plaza.

El sexo hace parte de la vida y nada de ella le puede ser ajeno al arte auténtico. Desaprovecharon una espléndida oportunidad de hacer pedagogía humanista y democrática. A esos niños, en lugar de vendarles los ojos con prejuicios tontos –como lo hicieron ustedes–, debieron mostrarles ese conjunto de dibujos y hablarles del respeto a la diversidad sexual y social. Ahora, para en algo reparar el daño hecho, les invito con respeto a hacer una exposición de arte erótico que incluya obras gráficas de Jorge Gustavo Valencia, de Nazario, de Byron Newman, de Tom Bouden, de Lorenzo Jaramillo, además de textos de Safo, de Cavafis, de Lemebel, de Gómez Jattín y de Luis Antonio de Villena. Y, claro, lleven a todos los colegios del Quindío. Ya es hora, por dios, de salir del clóset de los tradiciones sexistas y represivas.

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