Jueves, 18 Abr,2019
Opinión / FEB 18 2019

¡Cayó la empanada, vienen por la arepa!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En un hecho del realismo mágico, en esta Colombia de mis entrañas, nos enfrentamos una vez más a la paradoja de ejercer justicia por quienes no están capacitados para ello, y en legisladores que no saben legislar.

Sin ahondar en comentarios en el Código de Policía quedaron conductas definidas como contravenciones que tienen como consecuencia una sanción, que van desde pintar piedras hasta la obligación de obedecer lo que diga una unidad de Policía que quiera sancionarlo por una “orden” que dé al ciudadano. 

Ahí está el ejemplo. Un joven compra una empanada y la sanción por la compra de un emblemático y autóctono producto es “clavarle” una multa de más de ochocientos mil pesos. En derecho como norma de control social, y en el derecho sancionatorio, las penas deben ser proporcionales al daño causado. Veamos, lo tutelado en la norma es el cuidado e integridad del espacio público y el numeral sexto del artículo 140 dice “promover o facilitar el uso del espacio público en violación de las normas y jurisprudencia constitucional”. Quisiera ver contrastada la compra de una empanada barata y buena, que contribuye al ingreso de una familia a la que pertenece la persona que la vende, sometida a la inseguridad en las calles y al índice de desempleo de las ciudades y campos.

Ya la jurisprudencia ha sido prolija en manifestar que deben hacer las autoridades para administrar el espacio público, su relación con el derecho a la vida y al trabajo, y la forma de intervenir para hacer respetar su integridad. Pero cuando de extralimitarse en la aplicación de la sanción frente al acto se acusa, ya se manifiesta que no fue la empanada sino el artículo 35 el que violó el ciudadano porque le dijeron que no comprara el sabroso entremés de nuestros abuelos, y que dice “ incumplir, desacatar, desconocer e impedir la función o la orden de Policía.”. Y para rematar esa conducta dizque “…afectan las relaciones entre las personas y las autoridades”.

Nada más extraño y disparatado como explicación. La costumbre de las empanadas de tacón alto, o sin un mugre de carne, o de convites para obras e iglesias, o las de la vecina de fin de semana nunca han hecho mal a nadie, más si, más de una vez han servido para matriculas o necesidades inmediatas.

Colocar en manos de quienes no tienen formación en la aplicación de la norma, es como nombrar en cargos que requieren de profesionales del derecho a otras profesiones y da como resultado estos exabruptos de las autoridades. Qué tal ahora que las arepas que son de venta en las casas y andenes de las casas cada ocho días y salimos a comprarlas, o los innumerables ventas de arepas después de las cinco de la tarde y diariamente, a lo largo de la geografía nacional comiencen a ser sancionados y a sus como sus compradores.

Tenaz, ya agarraron a los compradores de empanadas, ojo los productores y consumidores de arepa ¡Ya cayó la empanada, van por la arepa!

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