Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / AGO 27 2018

Colombia, con vocación corrupta

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No más hipocresías, hay que reconocerlo, aceptarlo y buscar la solución real; somos un país de doble moral, cínico y mentiroso. Si bien la consulta anticorrupción logró más de once millones 500 mil votos, no logró superar los doce millones como lo ordena la norma, por lo que establecer ganadores y perdedores me parece un ejercicio inocuo, porque reducir esa consulta a pulsos partidistas como lo han querido mostrar las promotoras de la misma, Claudia Nayibe López y su compañera Angélica Lozano, quienes se lucran de la política y denuestan de la misma, en la más clara hipocresía y simplicidad en el abordaje de la corrupción en Colombia, no deja de ser un acto politiquero, avalado por reconocidos periodistas quienes desde la gran capital, ayer daban como candidata y posible alcaldesa de Bogotá a la señora López, con base en los resultados de la consulta.

 Aunque aparentemente la iniciativa era buena, en el fondo de lo que se trataba era de vanidad, de muestras de poder y politiquería pura, pues a juicio de los analistas las siete preguntas no son producto de un estudio serio y responsable que realmente conduzca a la solución de la corrupción en Colombia. Y es que tal vez, por ser este un país con tendencia a la doble moral, no hay un tema que se mencione tanto hoy, como la transparencia, la cual es reclamada fervientemente tanto en la gestión pública y política, como en la actividad informativa, por lo que no se puede reducir la corrupción al ámbito meramente público y económico, sino que debe trascender a otras instancias donde se encuentra la comunicación en medios masivos; pues es claro que cuando se informa sin responsabilidad social, se degrada severamente la verdad y la dignidad humana; lo mismo ocurre cuando se informa barnizando las mentiras y presentando falsas noticias, como verdaderas —ejemplos abundan en el Quindío y el país—, eso es corrupción informativa. Es por eso que los ciudadanos ya no creen en sus gobernantes y están perdiendo la confianza también, en quienes informan sobre sus actuaciones; quizás por eso los politiqueros usan desesperadamente la 'transparencia' como paradigma de orden y control, bajo la falsa premisa de que, ellos son los salvadores del país. Aún así el problema grave surge, al creer que todos los gobernantes y funcionarios son corruptos, porque crece la desconfianza y aparece el consecuente deseo de control excesivo basado en sospechas de quienes trabajan en el Estado. Por supuesto que hay corrupción en la gestión pública, pero las auditorías y controles casi siempre están dirigidos a contratistas y mandos medios con poca responsabilidad; las altas jerarquías pocas veces son tocadas. La corrupción en las sociedades occidentales contemporáneas es, sin lugar a dudas el resultado de una contradicción interna muy compleja, entre lo político y lo jurídico, pero que sostiene el engranaje funcional para el mantenimiento del sistema imperante; y es que, el legislativo, que se encarga de estructurar y aprobar las leyes, es al mismo tiempo, el poder político, así se blinda contra las normas, incluidas las anticorrupción. No hay pierde.

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