Jueves, 15 Nov,2018

Opinión / JUN 14 2018

Colombia real confusiones semánticas

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“¿Quién sos vos?” El señalado respondió: “Yo soy el director del Conservatorio de Música” El bandolero le disparó diciendo: “No más  conservadores”. Esta cruel y real historia de lo que supone una confusión semántica cuando imperan la ignorancia y el odio fanático es desconsoladora al extremo e imperó  durante décadas de violencia fratricida en Colombia. La política busca racionalizar las diferencias de ideas, civilizar el diálogo para que la convivencia social se legitime y perdure.

La confusión semántica ha servido en la política  para que una Nación entera se precipite en la barbarie a nombre de abstracciones monstruosas. A través de la consigna  se impone entonces  la tarea de señalar herejes, opositores que puedan cuestionar la brutalidad establecida. Para las ideologías  totalitarias, hoy camufladas en la manipulación de las tecnologías de la comunicación,  desaparece el ciudadano y aparece el súbdito que obedece la consigna, que se doblega sin reato alguno ante aquello que le impone la propaganda. Es  aquí donde el recurso político de  la confusión semántica se empieza a hacer a través de la manipulación  del eufemismo o sea de la sustitución de la palabra verdadera  por una  no ofensiva para un público de bien pensantes: ya no se dice negro sino “perteneciente al afrodescendiente”. El demagogo revierte mediante esta triquiñuela la acusación que se le hace de ser un revolucionario que quiere si llega al poder negar la propiedad privada, la pluralidad religiosa, su populismo y entonces a medida que se desarrolla la confrontación ideológica y sabe con anterioridad que va perdiendo en las encuestas, cambia  de lenguaje   e  intempestivamente  se declara “defensor acérrimo de la propiedad privada, cristiano confeso, enemigo de la colectivización”. Chávez, como Perón, fueron maestros consumados para mentir creando una confusión semántica necesaria a sus intereses.

Decir que la política ha conducido a la polarización de la ciudadanía es una confusión semántica utilizada  para  señalar  como ‘enemigos  de la patria’ a quienes se oponen a la violencia de los violentos, a justificar y por lo tanto perdonar los crímenes de lesa humanidad, el atropello de los derechos de los ciudadanos a defender el futuro de la democracia. En negar estos derechos consagrados  se pone de presente el deterioro de la opinión pública  y la llamada dictadura de los medios de comunicación, el deterioro moral de la justicia. En su ‘Discurso sobre la desigualdad’ dice Rousseau: “Allí donde  disminuye el vigor de las leyes…no puede haber ni seguridad ni libertad para nadie”.  Precisamente porque, como lo aclara  Sartorius, la ley al ser para todos no permite excepciones. Y aquí  en la actualidad  a nombre de  los ‘exceptos’ se está continuamente  vulnerando la ley mediante  el uso de la confusión semántica persiguiendo  a quienes se califica  en la actividad intelectual,  política de ‘paracos’, ‘guerreristas’  y el peor de los estigmas ‘uribistas’.

P.D. Identificar a un partido democrático como el Psoe con  el  populacherismo de Petro es una vulgaridad.

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