Lunes, 25 Jun,2018

Editorial / DIC 28 2017

Como una inocentada

Balance categórico del 2017, golpe al hígado de la economía colombiana, y no es una inocentada.

 

Para nadie puede ser un secreto que el 2017 fue un pésimo año para la economía. Las medidas adoptadas por el gobierno nacional mostraron sin tapujos la angustia del Estado por no hacer trizas el manejo de la economía en el presente, pero afectando además otros aspectos que aunque se sintieron este año podrían hacer metástasis en el 2018.

En primer lugar, de acuerdo con el Informe Global de Competitividad 2017 – 2018 del FEM, Colombia perdió 5 posiciones con respecto al reporte anterior, al pasar del puesto 61 al 66 entre 137 países evaluados. De contera, el último documento de la firma internacional de auditoría Kpmg, advierte sin contemplaciones que “el país es menos capaz de enfrentar choques externos”, como el más reciente de la caída de los precios de los commodities, que en el pasado. En la edición 2017 del Change Readiness Index se sitúa a Colombia en el puesto 65 a nivel mundial con una caída estrepitosa desde el escalón 46 que ocupaba en el anterior guarismo, correspondiente al año 2015, es decir que cayó 19 posiciones, en la clasificación que hace el estudio de la “versatilidad” y resiliencia de las instituciones. 

De acuerdo con la presidenta del Consejo Privado de Competitividad, Rosario Córdoba, un análisis que realizaron junto con la universidad de los Andes demuestra que la productividad en Colombia ha permanecido estancada por más de dos décadas y “hoy Colombia registra uno de los niveles más bajos de productividad del mundo, incluso inferior a los del resto de países de América Latina”.

Como si fuera poco, el bajo crecimiento de la economía, el desaforado incremento de la deuda pública y la incertidumbre asociada a la coyuntura electoral y a la polarización política, temas que hemos abordado ampliamente en otros editoriales, y que golpea el principal activo de la economía que es la confianza, llevaron a la calificadora de riesgos S&P a bajar su calificación desde BBB a BBB-, quedando a un solo peldaño de perder el grado de inversión, con lo cual se dificulta y encarece el crédito externo, al tiempo que aleja a la inversión y a los inversionistas, que ahora verán a Colombia en zona de riesgo, algo así como un “repechaje” mundialista.

Y no le quedó otro camino al gobierno que anunciar, a través del Plan Financiero 2018, un drástico apretón fiscal para el próximo año para asegurar un déficit fiscal del 3,1%, al tiempo que revisó, una vez más, a la baja la meta de crecimiento para el año entrante del 3% al 2,7%, la cual, aunque es más realista, luce todavía demasiado optimista.

Se sintió al final del 2017, el “taponazo” de la reforma tributaria y el consecuente incremento del IVA. Apretones y medidas de supuesta austeridad no sirvieron para contener la crisis del sector y sus implacables efectos. Se equivocan los que creen que el tema económico es asunto solo de los economistas y algunos expertos adicionales; la economía es un asunto tan global como popular y las encuestas de opinión explican con creces el pesimismo que ha invadido a los colombianos: según una encuesta reciente de YanHaas, el 81% cree que la situación económica del país es mala y otras investigaciones de opinión pública no muestran escenarios inferiores al 75% de escepticismo económico y desesperanza general. El 2017, como vigencia, fue un golpe al hígado de la economía colombiana, y esto no es una inocentada. 

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