Domingo, 18 Nov,2018

Opinión / JUL 07 2018

Cómplice

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En la columna anterior había dicho que las revelaciones de corrupción electoral no escandalizaron al país. Su impacto en la opinión pública no alcanzó lo que se esperaba. Quizás no tuvo mucho eco por la jornada mundialista de fútbol. A mucha gente no le importó el asunto. Como tampoco le interesó al fiscal General de la Nación hacer públicas las investigaciones sobre lo aludido antes de la elección presidencial. Y, si no lo hizo, nos demuestra el poder que tiene la Fiscalía para abstenerse de hacer algo cuando no le conviene.

Muchos comparten la idea que el poder institucional es para hacer cosas en favor del bien común, sin embargo, también, el poder del Estado es para ocultar la verdad y hacer del silencio un imperativo.

No comparto el hecho de que el fiscal haya dejado de revelar algo de interés general con el pretexto de evitar favorecer a un partido político. Pero es el fiscal y nada podíamos hacer en cuanto una vez haya cerrado la primera fase de la investigación, en un término de 24 horas, los ciudadanos tuviéramos el derecho de conocer los resultados. Tal postura del fiscal, nos demuestra la carencia de poder ciudadano para conocer lo que viene ocurriendo en el país, sobre todo, cuando algo anda mal. Quizás a la administración de justicia se le haya concedido la facultad de ocultar información pública hasta cuando a ellos se les dé la gana de revelarla.

Ocurre entonces que la justicia no hace uso de lo razonable para prevenir males y amenazas que pueden desequilibrar el buen funcionamiento del Estado y, a lo mejor, hace uso de la irracionalidad para corresponder y afianzar la práctica <<una vez ocurrido el delito, se procede castigar al culpable>>. No haber revelado la red de corrupción electoral antes de la elección presidencial, es igual a la complicidad de omitir la captura de un violador —con intenciones de violentar una niña en la celebración de sus 15 años—, por no estropearle la fiesta. Después de la fiesta, le damos orden de captura. Ese el debido proceso del imperio de la ley.

Tenemos una justicia cómplice y acomodada. Acostumbrada a encarcelar personas con base en supuestos. A eso le llaman prevención judicial.

Y de nuevo el miedo ha dado a luz otro ‘fantasma’ liderado por el partido de la ultra derecha en Colombia con fines de moldear la voluntad de sus electores y rechazar sin contemplaciones la consulta anticorrupción. Como es una consulta liderada por la izquierda y grupos independientes, no le sirve al neoparamilitarismo uribista. E incluso, afirman que leyes anticorrupción existen muchas.

Finalmente, la propaganda negra y los sofismas políticos son la mejor herramienta de poder para autoprotegerse. Y es evidente que recurren al sofisma del miedo —ad metum— cuando no tienen argumentos para demostrar lo contrario.

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