Martes, 25 Sep,2018

Opinión / MAY 07 2018

Con educación se puede

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Alguna vez, en los años crudos de la Violencia liberal- conservadora fueron asesinados, a sangre fría, el director y un grupo de músicos que se desplazaban de Ibagué a Armenia por la gélida vía de La Línea, en un retén de guerrilleros liberales. La razón de semejante conducta fue la respuesta que le dieron al jefe de la cuadrilla cuando preguntó quiénes eran: somos de la banda del conservatorio de Caldas, dijeron. Sin pensarlo dos veces el comandante y sus muchachos empezaron a disparar.

Viéndolo bien, a los músicos de la historia, más que la guerrilla, lo mató la ignorancia de ese comandante rebelde que le impidió medir la distancia que puede haber entre dos palabras diferentes a pesar de su evidente parentesco: conservador y conservatorio.

No sé si esta versión que ha gravitado por ahí, sea realidad o ficción, pero sirve como expresión gráfica de los desastres que produce la falta de educación en una sociedad como la nuestra, empezando por la misma violencia entre rojos y azules que por mucho tiempo llenó de confusiones nuestro destino colectivo.

Que parte sustancial de nuestros males como sociedad, estén cifrados en la ausencia de educación, es una verdad lo suficientemente sólida que no necesita demostración, me refiero, desde luego, no solo a la educación académica que se adquiere en los salones y los claustros, también la práctica que estimula la curiosidad y aleja de los dogmas, la que conduce a habilidades y destrezas que despiertan el espíritu.

Con verdadera educación muchas cosas cambiarían, no nos resistiríamos, por ejemplo, al aprecio de nuestras propias virtudes, entenderíamos más sobre las pasiones y no solo sobre razones, sabríamos que la tolerancia es una asignatura que olvidamos a menudo, aún por quienes se dicen liberales, entenderíamos la importancia de la conciliación entre los que pensamos distinto y consentiríamos en que las ideas son las únicas que transforman.

Con educación sabríamos que no todo es blanco o negro, que también existen los matices de gris, no se mataría la juventud por defender los colores de un desteñido equipo de futbol, comprenderíamos que la única razón para que nos gobiernen los mismos, es nuestra complicidad y no el comportamiento de los políticos venales que elegimos. Cambiaríamos las viejas efigies, los mismos apellidos de siempre y sabríamos que la ignorancia en que nos mantienen los que se dicen dirigentes, es tan infame como la pobreza en este país estático y congelado que tenemos.

Sería un logro tan importante como el empleo, la justicia, la salud, las pensiones, el medio ambiente, pero mucho más urgente, pues sin educación sería cada vez más difícil acceder a estos otros.

En fin, en esta época electoral, de imaginaciones fértiles y propuestas pertinentes como la de Sergio Fajardo, nada tan profundo y tan sensato como la educación. La educación nivela, enriquece, democratiza, promueve, aclara, cualifica.

Muchos males evitaríamos con más y mejor educación.

 

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