Lunes, 12 Nov,2018

Opinión / JUN 11 2018

Conciencia política

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Colombia es un estado social de derecho, democrático y pluralista, donde podemos elegir a nuestros líderes, hacer escuchar la voz y tomar decisiones colectivas que nos beneficien a todos.

Para eso existe la política: para propiciar que los ciudadanos expresemos las opiniones y desde la sabiduría popular —que surge de las mayorías con criterios orientados en sentidos similares—, adoptemos las determinaciones que mejor convengan a los intereses generales. La razón de ser del sistema es: reconocer las necesidades, problemas y expectativas de las comunidades, para atenderlos, desde las opciones que ofrece el desarrollo y los espacios de poder con los que cuenta el Estado.

Los habitantes de este territorio, somos responsables de lo que ocurra en el futuro, no es fruto del azar, tampoco es una inercia imparable de la historia; es el resultado de lo que hacemos, de la manera en la que ejercemos la libertad, que tiene una expresión rotunda en la democracia y en el ejercicio serio del voto.

Votar, y hacerlo con criterio informado, es un fruto maduro de la conciencia política con la que debemos contar. Es una obligación moral hacerlo, por la opción que integralmente considerada, ofrezca una mejor perspectiva. 

El voto en blanco —tan importante para la democracia— carecerá de toda utilidad práctica en esta segunda vuelta.

Cada preferencia política debe respetarse, como expresión legítima del pluralismo que nos define. Tenemos para la segunda vuelta de las presidenciales, dos opciones, bastante contrastantes, por cierto. Quien guste de uno u otro candidato, tendrá sus motivos y serán respetables.

Es muy importante que la decisión se base en un concepto personal y no en lo que se escucha decir de otros; también, que se mire al ser humano, que se aprecie la posibilidad de liderazgo que cada uno es, y no se quede solamente la mirada en quien le acompaña o no, porque siempre habrá predilecciones y rechazos, adeptos y disidentes. 

La investidura de un Presidente en Colombia genera un poder enorme, y también una gran responsabilidad. Habrá incidencias, es lógico, pero de ahí a pensar que alguien gobierne detrás de quien sea que gane, es una manifestación de ignorancia.

Más allá de las ofertas, quizás inviables desde la lógica de la gerencia de lo público, y solo pensadas para cautivar a quienes desconocen cuáles son las competencias y alcances de este nivel de la gestión estatal, debe captarse la gran visión de país de cada uno y, sobre todo, su coherencia con el momento histórico y las demandas de los contextos globalizados. Sistemas que coartan la iniciativa privada y el desarrollo empresarial, pueden resultar contraproducentes, insostenibles y retrógrados frente a las tendencias mundiales.

Que gane quien tenga mejores posibilidades para guiar este gran barco a puerto seguro, que exista participación masiva y que la única fuerza que direccione el voto, sea la de la conciencia. 

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