Martes, 13 Nov,2018

Opinión / AGO 25 2018

Conciencia y degradación

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Se esperaría de quienes respaldan sus actuaciones 'en nombre de Dios' un comportamiento coherente con tal creencia. Me refiero a políticos que nos acosan a diario desde altas esferas de la vida pública, voceando energúmenos y maniqueos argumentos en su favor y el de sus mentores del sector privado. Son aquellos acusados de  enriquecimiento ilícito, participación en masacres, asesinatos selectivos, falsos positivos, despojos, y con innumerables violaciones a la ley. La zozobra constante a la que pretenden someternos se entrama en la disociación entre lo que enuncian y su correspondencia con uno de los mandatos básicos del cristianismo: el amor al prójimo.

Me inclino a pensar que la disociación mencionada no puede considerarse un mero acto de hipocresía o fariseísmo. En contraste, se remonta a la puja de dos dinámicas que hacen parte de nuestro permanente proceso evolutivo: degradación de la vida vs. vida amplificada. En el primer caso, hablo  del poder y la vanidad nacidos de la debilidad y edificados sobre la violencia y el cálculo; la mera banalidad. En el segundo caso, hablo del otro que está más expuesto a la injusticia, por donde aparece la vida como arte pues crea condiciones de existencia digna extendida para todos. En este último caso estaríamos en presencia de una vida con conciencia, aspecto sobre el que vale la pena reflexionar.

La escritora Andrea Mejía en la  revista Arcadia No.151  hace una reseña del libro  Hijos de las estrellas de la astrónoma chilena María Teresa Ruiz. La científica reitera sobre cuatro fuerzas existentes  en el cosmos: la fuerza nuclear débil, la fuerza nuclear fuerte, la fuerza gravitacional y la fuerza electromagnética. Cuatro fuerzas vegetativas, inerciales,  constitutivas de la vida. Y ante la pregunta de la escritora sobre si habría una diferencia entre la vida y otras estructuras del cosmos, la científica lanzó una hipótesis: “La gran diferencia surge con la aparición de la vida con conciencia. Esta sería una quinta fuerza universal con  creciente capacidad para afectar el curso de su evolución”.

Bajo el entendido de que la conciencia es un estado de iluminación que nos da la posibilidad de discernir entre los caminos que permitirían a la vida seguir buscando vida y los que se oponen a ello, el arte de existir tendría que discurrir por las vías de amor al prójimo. Y este último nada tiene que ver con los escenarios de desazón e intranquilidad permanente a la que quieren someternos quienes practican el cálculo y la violencia. Practicar el amor al prójimo y tener conciencia serían equivalentes, puesto que ambas resultan en el cuidado del otro. Tener conciencia de la existencia del —de lo— otro ahuyenta el miedo, nos hace fuertes. 

Si las fuerzas vegetativas son aquellas que conducen inevitablemente a la degradación de la vida, en nuestro caso, a desaparecer como especie, nos corresponde pensar en formas de superar inercias generadas por la avaricia del sector privado y de políticos corruptos. Nos corresponde cuidar la conciencia.
 

Columnista invitada
Nancy Ayala Tamayo

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