Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / SEP 05 2018

¿Conducir sin retrovisor?

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La delgada o gruesa línea —depende de orilla desde donde se mire— que separa la coherencia discursiva, de la lealtad a la Nación, a sus gobernados, y el compromiso político de un presidente, no debería tardar en hacerse añicos. Sí, Iván Duque, durante la triunfante campaña electoral que hoy le obliga a alternar con delincuentes de lesa humanidad y con señoras alteradas, en su despacho oficial, transformando en triunfo el sonoro fracaso de quienes porfían en venezolanizarnos, prometió abstenerse de usar espejo retrovisor durante su desempeño como conductor del país. La metáfora, feliz en significación, oportuna entonces, quizás, como anzuelo de votos exsantistas, resulta patética, irresponsable, frente a las circunstancias, como actitud sostenida de dirección. Cruda, inoportuna —según medios y periodistas enmermelados—, pero forzosa responsabilidad asumió Ernesto Macías, presidente del Congreso, el pasado 7 de agosto, haciendo pública la radiografía de Colombia al término de la era de la indignidad, la corrupción y el despilfarro. A falta del indispensable corte de cuentas de iniciativa presidencial, ante el resignado silencio del nuevo huésped de la Casa de Nariño y de los hoy vergonzantes ex-aliados santistas, Macías, en su doble condición de cabeza del Congreso y militante del Centro Democrático, presentó un descarnado relato del país real, del dramático estado actual de la mayoría de aspectos incidentes en el discurrir nacional, extrayendo información de fuentes oficiales, sin concesiones a la imaginación. 

Insistiendo en el símil, es en extremo peligroso, por ende prohibido, conducir un vehículo sin el auxilio de retrovisores. Sin estos, desde luego, sería reprobado en la revisión tecnomecánica. Tan importante como avanzar por una vía con visibilidad plena, es saber qué ocurre atrás y en los costados; de dónde pueden provenir riesgos o amenazas. Lo hacen los conductores responsables de la vida e integridad de él mismo y de sus pasajeros. 

En tareas de gobierno, no cabe en lo posible, por ejemplo, plantear a través del ministro del ramo, una durísima reforma tributaria que supone sacrificios a todos los estratos socioeconómicos, sin justificación previa acerca de su necesidad, de las razones que la exigen, del origen del desbalance fiscal, del destino de los mayores recaudos generados por la última reforma que entre otros golpes al bolsillo popular, incrementó el IVA en tres puntos. ¿De veras considera el presidente, conocedor brillante de asuntos macroeconómicos, que los colombianos, sin rechistar, atenidos a los expertos, debemos asumir la escandalosa crisis, ya evidente, de las finanzas del Estado, sin mediar explicación alguna de su parte, de cara al país, en cadena nacional, sin establecer razones, responsables del desbarajuste, ni emprender acciones para penalizarlo como se debe y en cabeza de quienes deben responder? El mandatario elegido por los colombianos se debe a ellos, al cumplimiento de su mandato, el mismo que incluye decirnos la verdad sin afeites ni analgésicos. Presidente, ¿qué país recibió de su fugado antecesor? 

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