Martes, 13 Nov,2018

Opinión / ABR 01 2018

Conocer la historia

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La historia distingue hechos y movimientos decisivos que han tenido lugar y configuran la imagen y realidad del mundo en el cual hemos nacido; penetra en la esencia de un pasado con el que nos identificamos como individuos que hacen de lo suyo una nacionalidad, una cultura, un pensamiento. Profundiza la historia en los modos de vida de los pueblos para rescatar de ahí los ideales y propósitos en común que adquieren forma en la ley y en las instituciones que van a regir la vida en comunidad. Un todo integrado para saber quiénes somos, de dónde venimos, qué queremos y qué olvidamos en el difícil camino de llegar a ser.

Tiene la historia una función educativa y reconoce momentos y acciones de agentes históricos en su laboriosidad, emprendimiento, racionalidad, para conformar una unidad política y administrativa que a pesar de las adversidades encuentra un desarrollado mucho más elaborado en cuanto a identidad y pertenencia. Es lo que se observa de una historia política y constitucional, asimismo de la economía y de las formas de violencia confrontadas y superadas.

Volver a la enseñanza de la historia, aprovechar de ella la fecundidad de una ciencia que ha superado obstáculos de método y de comprensión del mundo, y en lo que concierne con los criterios posibles para la interpretación de los acontecimientos históricos. La vieja historia de relatos y biografías de héroes, no cuenta tanto, hoy está enfocada en particularidades evolutivas de la economía, la política y las sociedades, así como al estudio de la estupidez y las formas aberrantes de la estulticia humana. Pone el énfasis en el contenido del acontecer histórico por las fuerzas que hay en juego: el bien y el mal, la verdad y la mentira, y acontecimientos significativos tenidos por puntos de inflexión para la comprensión de lo evolutivo, el desenvolvimiento, el equilibrio y la armonía de lo que significa el progreso de los pueblos.

En un historia versátil y comprensiva tienen cabida los marginados, los desposeídos, los inconformes, los explotados, los diferentes, todos los que han permanecido ocultos y excluidos, pero que adquieren así, en el relato histórico, una voz y una existencia.

Pluralidad y diferencia. Movimientos de género, feministas, negritudes, emigrantes… un relato-problema de una realidad que pregunta por los eventos, la naturaleza y la función de una sociedad que apenas los asimila y los reconoce. La historia aborda asuntos que eran negados y relegados, a saber: la historia de la locura, de la clínica, de la sexualidad, del ámbito carcelario, y de todo aquello que bien entrada la época moderna se ha considerado como “la segregación de los desviados”. Nada de esto es extraño a la historia.

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