Lunes, 17 Jun,2019
Opinión / ENE 20 2019

Consecuencias de impunidad

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El vil atentado terrorista a la Escuela Santander de la Policía, es una ratificación y consecuencia de las grietas dejadas por un proceso de paz complaciente y ampliamente favorable a los victimarios, adelantado por el gobierno Santos con las Farc, mayor organización guerrillera de entonces.

Acuerdo con concesiones en las que la mayoría de colombianos no estuvimos a favor según el referendo y que pese a ello fue desconocido por Santos, empecinado en sacarlo adelante por encima de la voluntad popular tal como sucedió. 

Quedó así el país propenso a enfrentar tarde o temprano consecuencias como las registradas, reviviendo el dolor de años atrás con atentados terroristas, con fuerzas de guerrilla y narcotráfico que cobran la vida de quienes menos tienen que ver con el conflicto. Es claro que el Eln pretende concesiones similares o incluso mayores a las que les otorgó el gobierno a las Farc, presionando con estrategias soterradas y diabólicas a las que están acostumbradas, pues saben que su capacidad de lucha armada y logística es mínima frente a la capacidad del Estado. Tantas gabelas con tan poco a cambio, el gobierno actual, con posición discordante a los acuerdos de La Habana, no está dispuesto a otorgar, como lo ha ratificado el presidente de forma coherente con el movimiento y partido político que lo llevó a este cargo, abanderado del histórico ‘No’ en las urnas. 

Recordemos que el Eln prácticamente ni sonaba ni tronaba, incluso sus cabezas visibles vieron reducido a una mínima expresión su protagonismo mediático, dando la sensación de haberse extinguido, cuando incluso las Farc alcanzaron también bajos niveles de poder, hasta aceptar sentarse en la mesa a negociar con el gobierno, lo cual les permitió elevar de nuevo su potencial como movimiento clandestino. 

Luego de la firma del convenio y con tantos altibajos en el proceso de implementación, con disidencias, con cuestionamientos a ex guerrilleros de continuar delinquiendo, con muchos de ellos acostumbrados a la acción criminal en el monte, con el aliciente perverso del narcotráfico, con caletas de dinero y armas no entregadas,  se genera la sensación que los cabecillas elenistas están pescando en río revuelto para dar imagen de poderío y tratar de doblegar la posición del gobierno Duque que les exige muestras de voluntad de paz, sin respuesta diferente a las ya conocidas. En esto debemos los colombianos ratificarle nuestro respaldo unánime al presidente, con rechazo absoluto y contundente a tales actos criminales. 

Duro es reconocerlo, pero estas son consecuencias de una paz impuesta con tintes de impunidad, premiando a los victimarios, por encima de la reparación y esclarecimiento de la verdad que merecen las víctimas. Que Dios nos tenga de su mano.


@Alarce4 


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