Domingo, 26 May,2019
Opinión / MAR 28 2019

Construyendo tejido social

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Uno de los acontecimientos más terribles de barbarie cometidos por el llamado ser humano sucedió en el siglo XX cuando se desataron las dos guerras mundiales. Ante la perplejidad de los sobrevivientes que no entendían qué había sucedido, pensadores de la talla de Chaïm Perelman, se pusieron en la tarea de revisar la historia de los pueblos de Occidente para encontrar dónde se había desviado el camino.

Este viaje, que duraría diez años al lado de Lucie Olbrets-Tyteca, los llevó hasta la Retórica de Aristóteles, herramienta necesaria para el primer intento de una democracia en la polis: porque una democracia sin espacios de opinión es nula. La retórica fue el instrumento técnico que usaron los ciudadanos en el entrenamiento de argumentar con soltura en las asambleas, ágora, estrados judiciales, etc.

Perelman y Olbrechst-Tyteca reconstruyeron y adaptaron esta  retórica a través de un  tratado de argumentación que subtitularon: Nueva retórica,  porque había que devolverle la capacidad de discernir a los ciudadanos de las urbes para  generar espacios de opinión pública y evitar ser conducidos por los magos de la guerra hacia el abismo de la autodestrucción.

Sin embargo, los espacios  de opinión han sido cooptados por los círculos del poder económico cerrándolos al ciudadano del común; solo están los  espacios de participación donde se conduce a la polarización entre seguidores y contradictores de lo que opina algún politiquero o en redes sociales donde puede derramar su bilis de resentimiento.

Si volvemos de nuevo a los antiguos, encontramos que otra manera de hacer opinión pública se logra a través de la conversación: es fundamental en Platón: los diálogos donde Sócrates conversa con sus conciudadanos sobre diversos temas que atañen a la buena marcha de la polis. Igualmente Aristóteles en sus dos éticas: hace énfasis en la necesidad de la conversación entre ciudadanos amigos para mantener la cohesión social.

Pero, habría que reventar la burbuja en que se la ha encapsulado en frases como: conversar es perder o matar el  tiempo, cuando se conversa se habla paja, la conversación es para pasarla bien con los amigos, etc. Y habría que escapar del formato que imponen los medios masivos de información y las redes sociales, planteando temas auténticos de interés para  la comunidad.

Una sociedad que conversa mantiene vivas sus tradiciones, actualiza sus posiciones ideológicas, y diseña metas para el futuro.


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