Jueves, 20 Sep,2018

Opinión / AGO 21 2018

Contradicciones análogas

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En los discursos de posesión de los presidentes es relevante no solo prestar atención al rumbo que dará al país el nuevo gobierno, sino también a los instrumentos —conceptos, teorías y modelos— que orientarán la ruta y determinarán los resultados. Son estos instrumentos que hacen realizable, o no, un plan de gobierno.

En este sentido, el pacto por Colombia, título del discurso de posesión del presidente Iván Duque Márquez, contiene serias incompatibilidades. Pasados algunos días desde su posesión, estas contrariedades comienzan necesariamente a manifestarse. Una de ellas consiste en la pretensión de reconciliar “economía de mercado y bienestar social”, en palabras del propio presidente: “economía de mercado con sentido social”. Lo que equivale a mezclar agua con aceite. 

En efecto, la economía de mercado, según Karl Polanyi (1886 – 1964), pensador imprescindible en el análisis crítico sobre la materia, “es un sistema económico accionado, regulado y orientado solo por los mercados […]

Se espera que los humanos se comporten motivados por ganar la mayor cantidad de dinero posible […] Un mercado autorregulador no exige nada menos que la división institucional de la sociedad en una esfera económica y en una esfera política” (La grande transformation, 2015). La puesta en obra de este modelo dicotómico, donde la economía está ‘desencastrada’ —disembedded— de lo  político, inevitablemente ha generado la mercantilización de las relaciones entre humanos y de estos con la naturaleza. De allí se desprende lógicamente la tendencia a poner precio sobre todo y a considerar todo como una fuente capitalizable. 

El término ‘mercantilización’ expresa el carácter reduccionista y agresivo implicado en el proceso de sumisión de todas las relaciones del sistema de producción al mecanismo del mercado autorregulador. Ahora bien, si el bienestar social es realizable por la satisfacción de valores de diverso tipo, no solo por el de la rentabilidad económica, entonces en la propuesta de desarrollo económico del nuevo presidente hay una flagrante contradicción entre medios y fines. 

Esta contradicción se expresa en diferentes aspectos. Por un lado, se evidencia en las recientes propuestas económicas hechas por el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla: reducir el salario mínimo, ya dramáticamente insuficiente, para aumentar el empleo, y una reforma fiscal con más IVA y más renta personal que reforzaría la gran inequidad tributaria existente al afectar principalmente a las clases media y baja.

Por otro lado, la cuestionada propuesta de ‘fracking responsable’ hecha por el exministro de Minas y Energía, Germán Arce. Según estudios científicos, el fracking compromete de manera grave e irreversible los ecosistemas acuíferos y terrestres en los sitios de su aplicación, es decir, impide que generaciones futuras puedan disfrutar de estos ecosistemas. ¿Cómo puede llamarse eso responsable? Incluso hay quienes plantean para este caso la aplicación del principio de precaución. En conclusión, las contradicciones se juntan y se vuelven análogas. Como acabamos de mostrar, decir ‘economía de mercado con sentido social’ es como decir ‘fracking responsable’.

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