Lunes, 20 May,2019
Opinión / ABR 21 2019

Contrastes de justicia

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Muy difícil resulta para la mente entender las razones que pueden llevar a una persona a tomar la decisión de acabar con su vida, en particular tratándose de alguien que ante el mundo ha disfrutado de altos honores, fama, prestigio, dinero, éxito como cúspide fundamental de la pirámide en la escala de necesidades del ser humano.

Aunque no es el primer líder que toma una decisión de estas, el caso del expresidente del Perú, Alan García, por lo reciente y cercano con nuestro país, se ha constituido en el gran hecho antagonista de esta Semana Santa, destinada por el mundo cristiano a conmemorar el triunfo sobre la muerte con el drama de la redención. No es intención de quien esto escribe, juzgar a la persona, lo que solo corresponde a Dios. Pero si es pertinente comentar aspectos del acontecimiento como reacción frente a encrucijadas que enfrenta el ser humano. Por principio, considero esencial el del respeto a la vida humana propia y ajena independiente de todo tipo de circunstancia que la rodee. Obvio que para nadie es fácil entender la reacción de una persona frente a un hecho impactante que se le presente pero también es claro que en el adecuado uso de su libertad, se hace responsable de sus decisiones, asumiendo con valentía o con debilidad las consecuencias que le sobrevengan ante sí mismo, ante la sociedad, ante la justicia terrena o ante la justicia divina. Imposible evadir las tres. Se dice que quien nada debe, nada teme. Pero no solo se trata de no deber, sino de contar con los argumentos y evidencias suficientes para demostrarlo. En las cárceles hay muchos inocentes y fuera de ellas, muchos han debido sufrir la tortura de años tras sus muros, a la espera de que la justicia finalmente los exonere de responsabilidad. Otros tantos, verdaderos culpables, basados en sus triquiñuelas, en trampas de abogados inescrupulosos, en sobornos y otras prácticas corruptas, logran evadir la acción de la justicia humana. En nuestra Colombia, es la circunstancia de mayor ocurrencia con altos dignatarios (no tan dignos) del Estado y del sector privado que jamás pasan de ser enjuiciados, investigados y empapelados, pero cuyos procesos finalmente terminan archivados o ignorados mediante cortinas de humo que se tejen para que la opinión acabe también por olvidarlos. Para no divagar demasiado, recordemos solo algunos casos como el famoso proceso 8000, Foncolpuertos, Saludcoop, Interbolsa y ahora el de Odebrecht entre muchos otros que, en países vecinos tiene expresidentes presos, destituidos, ahora uno suicidado, otros a punto de ir a la cárcel, mientras en Colombia por temor al efecto dominó, solo unos funcionarios de menor rango presos, pero con las máximas cabezas presuntamente de la mayor responsabilidad sin claridad y decisiones concretas.


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