Domingo, 25 Ago,2019
Opinión / SEP 18 2018

Controversias socio-técnicas y nuevo agente político

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Por esta época asistimos a diferentes modalidades de controversias socio-técnicas que día tras día se intensifican, poniendo en tela de juicio la supuesta separación entre ciencia y política. La ciencia se limita a decir “lo que es posible o no”; a la política le corresponde, a través de la voluntad colectiva y en función de “lo que es posible”, decidir lo que “debe ser”. En Colombia, por ejemplo, estas controversias se han presentado en los casos de semillas certificadas o genéticamente modificadas, megaminería, fracking, Hidroituango, glifosato para erradicación de cultivos de coca, agrotóxicos, entre otros. Así, las mediaciones de las ciencias y las tecnologías en la transformación del mundo o, de manera más concreta, de la trama de la vida, no solo se constatan cada vez con mayor grado de evidencia, sino que en muchos casos, como en la restauración de ecosistemas, se hacen necesarias.

Esta transformación particular del mundo es puesta en obra en función de intereses de diversa naturaleza, poniendo en juego creencias, conocimientos, valores y normas. De este modo, tal cambio concierne inevitablemente la vida pública, en particular la democracia, redefiniendo el tradicional panorama conceptual de la política. De hecho, como lo señala el francés Bruno Latour, filósofo y sociólogo de las ciencias y de las técnicas, “la actividad tecnocientífica es otra manera de hacer política, introduciendo y representando en el debate social nuevos no humanos, es decir, objetos o sistemas técnicos”. En otras palabras, cambiar el mundo significa hacer política. Por esa razón, en el centro de las problemáticas que suscita la relación ciencia, tecnología y sociedad se sitúa la siguiente cuestión: ¿con qué objetos técnicos queremos compartir nuestro destino?

Ahora bien, no existe solo el modelo de conocer y manipular el mundo en función de la estandarización industrial. En realidad, en nuestros días presenciamos la promoción de prácticas y saberes ancestrales que, a la luz del espíritu científico contemporáneo, en particular desde la ecología, se revelan más ajustables al objetivo de un desarrollo responsable frente a la vulnerabilidad de ecosistemas y sociedades. Si de lo que se trata es de habitar en el mundo, es preciso tomar en consideración otros modelos técnicos de manejo de seres vivos y de procesos naturales que impliquen relaciones de composición con la naturaleza y entre humanos.

Este contexto de controversias socio-técnicas exige entonces un nuevo perfil de agente político. Se trata de aquella persona que encarne la hibridación entre cultura científica y cultura humanista, asumiendo los retos que le corresponde: hacer que aparezcan las condiciones en las cuales las sociedades sean capaces de deliberar sobre sus valores prioritarios frente a propuestas tecnocientíficas y a amenazas sociales y ecológicas que a futuro podrían engendrar su implementación; así como redefinir un espacio público que no solo represente individuos abstractos, sino mujeres y hombres tomados en historias singulares. Se trata, en breve, de quien concentre la atención en las nuevas relaciones entre saberes y poderes que surgen de estas controversias, y en los procedimientos concebidos para hacerles frente, a fin de decidir lo que responsablemente debe ser lo mejor para construir sociedad con la naturaleza.

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