Martes, 20 Nov,2018

Opinión / AGO 28 2018

Corrupción: obstáculo para la democracia

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Que la consulta popular contra la corrupción realizada el pasado domingo no haya alcanzado el umbral de participación necesario para ser aprobada, evidencia, una vez más, el grado de incapacidad de la sociedad colombiana para superar, por vía de participación democrática, situaciones que amenazan su viabilidad. Caso semejante al plebiscito hecho en 2016, sobre los acuerdos de paz entre el gobierno y las Farc. La validación de la consulta anticorrupción era decisiva para la autoorganización de los sistemas político y de contracción con el Estado, para tomar otras vías de operación, lícitas y en función de intereses y valores sociales.

Esto muestra que en Colombia no solo la democracia representativa está en crisis, dado que se mueve notablemente al ritmo interminable de intereses privados, sino también la democracia participativa, puesto que menos de un tercio del potencial electoral entendió y aceptó esta oportunidad histórica de cambio. Al respecto, una pregunta se impone: ¿Qué subyace a esta incapacidad de la sociedad colombiana para reinventarse democráticamente por la vía de la participación?

La corrupción en Colombia ha tenido desarrollos históricos que, reforzados con el poder de impregnación del narcotráfico de los años 1980 y 1990, se recrudecieron hasta comprometer todo el sistema de participación pública. Lo grave de esta situación estriba en que es inconcebible una democracia anclada en el terreno de la ilicitud y de la ilegitimidad. En consecuencia, sigue teniendo razón el profesor Carlos Gaviria Días cuando decía que “en Colombia la democracia está por construir”. En efecto, si la democracia, en tanto valor político es la capacidad de la sociedad civil a deliberar de manera autónoma, en condiciones de equidad, de libertad y de tolerancia, sobre los valores prioritarios que deben ser puestos en obra, se trata entonces de una capacidad ejercida por ciudadanos conscientes de su responsabilidad frente a la vida pública, respetuosos de la ley y de los procesos institucionales.

Así, la incapacidad de la sociedad colombiana a realizarse democráticamente estriba en una pobre cultura política, perpetuando mecanismos de corrupción presentes en prácticas institucionales cotidianas que se reproducen a escala macrosocial. La corrupción hace ineficaz el ejercicio de la democracia en tanto mantiene a la sociedad en situación de incredulidad y autodestrucción.

Esta visión excluye la desesperanza y el odio, pues cada vez se percibe con mayor claridad que en Colombia la corrupción es el mayor obstáculo que impide el tránsito hacia un horizonte democrático que podría ser políticamente fecundo. Vencer este flagelo es nuestro desafío colectivo más inmediato; la ‘alta’ votación que obtuvo la consulta popular del domingo, a pesar de realizarse en circunstancias adversas, permite una lectura relativamente alentadora para conseguirlo.

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