Domingo, 26 May,2019
Opinión / MAR 16 2019

Cărtărescu y Zaraza

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Entre tu resplandeciente prosa de novelista, Mircea, transfigurada en literatura conservarás la memoria del tanguista rumano Cristian Vasile, con su tragedia de amor y rivalidades vuelta leyenda. “Nadie lo había puesto por escrito hasta ahora. 

Lo hago yo, por fin, plenamente consciente de que no son estas pobres páginas las que mantendrán el recuerdo de Cristian Vasile, sino el estribillo eterno de Zaraza”, afirmas en El ojo castaño de nuestro amor. Al interpretar su tango Zaraza, estas erres de Vasile ronroneándole por la garganta y el abatimiento, trepidan en mis sentimientos como las de Edith Piaf en su canción Non je ne regrette rien. Aunque congoja y crimen, en la decadente Bucarest de colaboracionistas políticos, cuando reviven como tango rumano de entreguerras, carezcan de vocales o palabras conocidas y sean bofetadas sonoras, caricias o heridas del compás y los versos en la canción Zaraza, el tema y su popular intérprete adquieren actualidad desde las páginas del narrador y poeta rumano Mircea Cărtărescu. Vasile, “nuestro Gardel, tanto por su música, como por la vida novelesca que llevó”, asegura Mircea, fue un ídolo popular por su voz, presencia física y varonil talante cantando Ilona, Morfina, Minte-ma, Uita, Yira Yira, Lubesc femeia o Anisoara. Lengua varonil el rumano. Zaraza, además de prostituta y lienzo de algodón con flores estampadas, es allí nombre ancestral gitano, que significa Maravillosa. Gracias a Cărtărescu, conocí detalles del fatal suceso y el tema en mención del tanguista rumano. Luego, toda su discografía. Diferentes su letra y música, del Zaraza argentino que interpretan Rodolfo Biagi, Charlo y Canaro, Carlos Dante o Ignacio Corsini. En mi caso, estos tangos europeos son otra ruta para abordar la poesía rumana. En mi imaginación, canta Vasile en español, con la voz de Gardel; y canta Gardel en rumano, con la voz de Vasile y gana mi espíritu con estas quejas de amor o desencanto. En la sacra soledad de mi biblioteca, con una fría y generosa copa de Jägermeister, brindo por ambos y por Blandiana, Eminescu y Sorescu, poetas. Tela encharcada de sangre, “que me emborraches siempre, de tanto besar, Zaraza, quiero morir también yo”. A la voluptuosa gitana amante de Cristian y personaje de la canción, por celos artísticos, Zavaidoc, uno de sus competidores, también intérprete de tangos, la manda a degollar. Con su asesinato, la exitosa carrera artística y la vida del enamorado cantante, se desmoronan poco a poco. Cuando creman a Zaraza, Vasile rapta sus cenizas, las cuales va bebiéndose en cada presentación que hace, cucharada tras cucharada, hasta bebérsela por completo. Concluidas sus litúrgicas dosis de amada en polvo, bebe trementina para suicidarse, pero solo se carboniza las cuerdas vocales. Que Cărtărescu le relate el final… ¡Salud!


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