Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / MAY 19 2018

Cuando los tacones tenían la razón

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No se puede secundar que una sociedad es equitativa cuando la mayoría de sus estudiantes universitarios graduados no tienen dónde ejercer su profesión. Con mucho sacrificio terminan sus estudios. Luego no saben qué hacer con su título profesional. Y es una constante por parte de universidades irresponsables con el futuro de la juventud cuando sin en el debido estudio abren programas académicos obedeciendo simplemente a falsas expectativas sociales.

Si miramos con detalle cada uno de esos programas académicos construidos en el aire —derecho, economía, filosofía, etc.—, no están estructurados para pensar la región. Y la misión del graduado una vez haya concluido felizmente materias, es buscar un político para que le pueda ayudar en un cargo público. En fin, lo dicho no es un secreto y no he descubierto nada. Lo que sí puede estar ocurriendo, es que más de uno lo está meditando cuando quiere hacer parte de la función pública. Y es una sensación generalizada alimentada por la justicia que viene enviando un mensaje a todos los sectores de la sociedad del Quindío en cuanto ellos están dispuestos en imponer el imperio de ley por encima de la corrupción. 

Una trasformación básica en el Quindío se puede interpretar en el sentido de que aquí se acabaron los intocables. Años atrás no se podía ni nombrar a fulano ni a zutano. Los fiscales y jueces se orinaban del miedo si llegaban a cuestionarlos. Pero ahora la Fiscalía hace su trabajo, y ellos en el fondo pueden que estén ‘felices’ porque hay resultados, investigaciones serias y capturas de supuestos corruptos. Sin embargo, ¿podríamos estar seguros que si metemos a todos los pillos a la cárcel nuestra sociedad va a recuperar la decencia? Por lo menos podemos opinar que es una justicia generadora de miedo, y sus resultados están basados en supuestos. Enviar a la cárcel a alguien basado en hipótesis, no equivale hacer justicia. Los alcaldes del departamento del Quindío esperan que llegue rápidamente la fecha de su último día de gobierno para vivir tranquilos —al menos por algunos días—, y al gobernador solo le falta la última Semana Santa. 

No creo que el gobernador pueda dormir bien. Y no porque su gobierno termine como un completo fracaso para la historia del Quindío, sino quizás porque sus pecados también algún día se conozcan. Pero él tiene más oportunidades de llegar al cielo que cualquiera de nosotros; su conexión con Dios es en directo. Sin embargo, es en la Tierra donde se halla el infierno. Fíjese bien lo que se firma. Y se le debe de reconocer a la exgobernadora Sandra Paola Hurtado, cuando en su momento ella propuso “sí a las obras, no a la valorización”. La exgober, sabía de lo nefasto que era para la ciudad de Armenia tal iniciativa, y cuando los tacones tenían la razón, no la escuchamos.

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