Domingo, 23 Sep,2018

Opinión / SEP 05 2018

¡Cuidado amigo!

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Claro que sí. Los amigos sí existen y son un verdadero tesoro. La amistad es uno de los valores más importantes y se constituye en una experiencia de lealtad, compañía, camaradería. Los amigos dan sonrisas y excelentes momentos cuando de alegría se trata y así mismo brindan compañía y solidaridad cuando el tiempo es de dificultad, dolor, necesidad. Y una de las cosas más lindas que tiene la amistad, es que es gratis. Un amigo de verdad es desinteresado, cuida al otro y nunca lo expone o lo tienta a cometer errores que implican situaciones deshonestas u oscuras.
 

Cuando me refiero a la gratuidad de la amistad, hago énfasis en el valor inmenso que caracteriza a un verdadero amigo: la disposición, el cariño y la honestidad desprovistos de intereses personales, o sea, sin esperar nada a cambio diferente a hablar el mismo idioma respecto a la amistad como tal, dicho claramente: la reciprocidad en cuanto a la confiabilidad, el cariño y sobre todo el respeto a los principios. En este punto debe ser claro que mientras la amistad es un importantísimo valor, nunca será superior a los principios.

Ahí es cuando hay que decir: cuidado amigo. Nunca un amigo propone, o exige a otro, actuar violando los principios, que son inmodificables: la honestidad, la protección de la vida, el sagrado deber de preservar la honra de los semejantes; el respeto por el pensamiento y la ideología, sin necesidad de matricularse en lo mismo pero tampoco atacando y ridiculizando al otro por su manera de concebir la vida y sus vicisitudes y mucho menos ‘manipulando’ en nombre de la amistad.

Vemos frecuentemente que invocando la amistad, hay personas que proponen, piden o creen que el otro debe traicionar su propia escala de valores para ‘ayudar o ser ayudado’ y eso es totalmente errado. La amistad es sagrada en cuanto sea limpia, libre, clara y trasparente y eso no incluye armar contubernios para dañar o para ‘ganar’ a través de acciones punibles, o asociarse para hacer cosas ‘mal hechas’.

Claramente: la amistad sí existe y es un verdadero tesoro, siempre y cuando una premisa básica, inmodificable, absoluta sea que ningún valor puede ser más importante que los principios. La amistad debe ser tratada con todo cuidado, respeto, prudencia y sinceridad. Si alguien intenta trasgredir esos principios ‘con el disfraz de la amistad’, lo está ‘usando’ y eso no tiene nada que ver con la sublime espiritualidad que implica una verdadera amistad. La amistad jamás estará sobre los principios. Quizás por eso, y desafortunadamente, se escucha siempre decir que ‘poder contar a los amigos, con los dedos de una mano, es una verdadera bendición’. No sé cómo le ha ido a usted en ese tema, o ‘quién es usted como amigo’, ojalá sea de esos que se puedan contar con los dedos de una mano. 

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