Martes, 13 Nov,2018

Opinión / JUL 23 2018

Cuidar la paz

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El 20 de julio se llevó a cabo la posesión del Congreso, que, desde la diversidad política e ideológica, tendrá como misión legislar para el estado social de derecho y entregar el marco normativo a las transformaciones sociales, políticas, económicas y éticas que requiere el país.

Es importante un congresista. Lleva la voz de miles de personas, que, gracias a la democracia representativa, se expresan por medio de aquellos en quienes han depositado su confianza con el voto. Cada uno debe llevar las inquietudes y necesidades de gran cantidad de seres de los diversos territorios, y darles respuestas desde las competencias de ese órgano legislativo.

En su discurso, el saliente presidente Santos hizo énfasis en el cuidado de la paz y manifestó que volvería a jugarse lo que fuera, incluso su prestigio, por salvar una vida. 

Ratificó su convicción frente al proceso y encargó al Congreso mantenerlo.

La paz es una emergencia nacional. Terminar con la muerte violenta y dar paso al diálogo y la búsqueda de soluciones convenientes para todos, es algo que debe convocar las voluntades de cada habitante. Nada justifica que un ser humano muera a manos de otro, la vida es un don sagrado y el único que debe disponer de ella es el Creador.

¿Qué significa cuidar la paz?

Primero, mantener los logros alcanzados con la terminación del conflicto armado y la reincorporación de los integrantes de la guerrilla. Es difícil, por los reparos existentes frente al contenido del acuerdo y las implicaciones de su ejecución; y, por las condiciones de regreso de quienes estuvieron al margen de la ley. Se requiere asumir que la conservación de la vida es más importante que cualquier cosa y que ningún precio es alto cuando se compara con lo que vale la existencia. 

Segundo, generar formas armónicas de convivencia. La violencia más grave no está en las montañas, sino en los hogares, escuelas y entornos laborales… En las ciudades, donde se asesina por razones estúpidas. Miles de personas dejan de existir en medio del asombro de sus familias —el caso de Laura Juliana Jojoa Murillo es un doloroso ejemplo—.

Tercero, practicar tolerancia e inclusión. Seguimos siendo una sociedad excluyente, que rechaza por preferencias sexuales y por condición política, religiosa o económica. La muerte de travestis en Bogotá lo ilustra.
Cuarto, mejorar el sistema de justicia y erradicar la impunidad. Urgimos de mayor contundencia en el castigo a delincuentes y medidas más severas que cumplan la función ejemplarizante de la sanción. Hay casos de éxito, donde frente a un delito, el autor es rápidamente capturado y castigado como debe ser. Sumada a la pena, debe existir condena social. Debemos repudiar toda forma de violencia, hasta lograr que se extinga. Cuidar la paz es tarea del Congreso y también, de cada colombiano. 

[email protected]

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net