Domingo, 23 Sep,2018

Opinión / JUL 01 2018

Definir un modo de vida

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Vivir la vida como si fuera un ideal. 

¿Puede el individuo optar por un modo de vida, hacerlo suyo y mantenerse imperturbable a pesar de las flaquezas y dificultades a encontrar en el camino? Se advierte que quien así decide, espera un mañana, un mes, los años por venir, la vejez, la enfermedad, la debilidad y el temor, y ha de saber que siempre observará un gesto íntegro y se repondrá para no desfallecer nunca en el propósito. Es la exigencia del modo de vida, que supone considerar aspectos como la posición social del individuo, su carácter, sus intereses y sus creencias morales. Hay modos de vida disponibles, condensados en descripciones contentivas de prácticas, instrucciones, prohibiciones y reglas, y, por su rigurosidad, todo el tiempo reparan, en quien se hace cargo, si está haciendo las cosas exactamente o como corresponde. Los modos de ver y vivir la vida por lo regular son heredados, aprendidos y adoptados o una combinación de los dos.

En el abanico de modos de vida se presentan vidas monásticas, sibaritas, ermitañas, budistas, cristianas, hedonistas, utilitarias, etc; amplio margen de opciones a gusto y parecer de quien los prefiera, eso sí, si tiene la libertad de elegir y el derecho a vivir como le parezca, pues pasa que en algunos casos se impone el modo de vida, tal como ocurre con los monjes budistas, quienes desde niños son llevados a un monasterio y puestos bajo tutela de un maestro que los instruye en el camino que han de seguir para alcanzar su propia liberación. 

Dentro de las alternativas diferentemente caracterizadas hay un rasgo distintivo de la especie humana: la posibilidad abierta de inventar nuevos e impredecibles modos de vida. Tanta es la riqueza y la capacidad creativa de lo humano que, se diría, todas las opciones de futuro, con sus contingencias predecibles e inesperadas, son el producto de la inteligencia y el recurso del lenguaje, de una criatura que tiene los medios de presentarse e imaginar posibilidades y de elegir los términos, el vocabulario y los hábitos de pensamiento en los límites del modo de vida heredado o libremente adoptado. 

El conformismo acostumbra al individuo a vivir una vida que le viene de tradición, la acepta a pie juntillas, pero descubre, si se cuestiona algún día, que una vida común y corriente no le satisface. Así que quien piensa en vivir de modo genuino, sin precedentes o fórmulas convenidas, concibe el modo de vida como un ideal y no un hecho establecido. Entiende que el modo de vida se hace haciéndose, y que la crítica, inteligente y creativa, le permitirá distinguir los rasgos que han sido realizados conforme al ideal. Renueva o revisa el modelo, porque el modo de vida es cuestión de capacidad y actitud, de conciencia y voluntad. 

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