Jueves, 18 Abr,2019
Opinión / FEB 17 2019

Derecho a la ciudad

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Al principio nuestros antepasados eran cazadores y recolectores, quienes permanecían en las tierras más prósperas hasta agotar las existencias de alimentos. Fue solo hasta hace 10.000 años que esos hombres primitivos iniciaron los procesos de selección artificial y técnicas de agricultura primaria, logrando el conocimiento de cómo cultivar su propia comida, desarrollándose así los primeros asentamientos de forma semi-permanente. 

Después, hace 5.000 años crearon las técnicas de irrigación y de rotación de cultivos y las personas pudieron confiar en una cadena a largo plazo de producción que sumado a la especialización del comercio en general, originó el concepto de ciudad.

Las ciudades y, desde luego, la forma de vivir en estas, constituye uno de los grandes hitos de investigación durante el siglo XXI. La ciudad es más significativa en la actualidad que en cualquier otra época de la historia. En el siglo XX las urbes sufrieron una enorme y desordenada expansión, en la mitad del presente siglo cerca del 70% de las personas vivirá en centros poblados en donde la calidad de la vida urbana debe ser una prioridad. El crecimiento de las ciudades es “irreversible”, acarreando inmensos desafíos a sus gobernantes, quienes con el concurso de sus habitantes deben propender para que perduren como lugares de desarrollo cultural, de iniciativa y de emprendimiento, ofreciendo opciones de movilidad social. 

La ciudad debe prepararse para permitir el derecho a la vida urbana, como una opción para obtener espacios renovados de encuentro y de cambio al pulso de vida diario. El cohabitar en ciudad se debe concebir como un derecho colectivo que apuesta a que las personas gocen de una urbe incluyente, en donde todos puedan acceder a los servicios y se ejerza la ciudadanía sin exclusión por posición económica, social, de género u otra, lo que debe otorgar a sus pobladores legitimidad de acción y de organización para demandar el pleno ejercicio del derecho a la libre autodeterminación y a niveles de vida óptimos.

El modo de vivir urbano establece el vínculo con nuestros congéneres y con el territorio, promoviendo el derecho a la ciudad como un enfoque sobre la forma de mejorar la calidad de vida de la población y un mecanismo de protección en la promoción, respeto, defensa y realización de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales que deben ser garantizados en los instrumentos de gobierno locales. Es necesario contar siempre con una contrapartida para el desarrollo de la ciudadanía, exigiéndonos primero el cumplimiento de las diferentes responsabilidades y deberes que se poseen, como forma de impulsar la justa distribución de los beneficios resultantes del proceso de urbanización.


@CrJBedoya

 


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