Domingo, 18 Ago,2019
Opinión / FEB 14 2019

Desvalorización

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En la agenda noticiosa que importa a los armenios destacan con fuerza dos asuntos: Las dudas sobre la calidad, cantidad y continuidad del suministro de agua potable, y todo lo relacionado con las obras prometidas por la vía de la valorización. Del cruce de estos dos temas, cubiertos por el manto de la duda y la desconfianza, debe surgir una reflexión para aspirar a un mejor futuro.

En una economía de mercado los bienes y servicios se valorizan cuando los consumidores los aprecian y los empiezan a demandar por encima de la oferta. Sobre esta realidad es necesario preguntarnos: ¿Por qué es valioso nuestro territorio y qué es lo que lo valoriza? Algunos piensan que el gran activo de la ciudad y del departamento estará en su infraestructura, las ‘doblecalzadas’, el aeropuerto y la oferta hotelera y turística. Otros le apuntan al potencial que ofrece la construcción y comercialización de vivienda y sustentan en esta opción la mejor y única oportunidad de valorización.

Tuvo que ser la reciente —no programada y prolongada— suspensión del servicio de acueducto la que obligó a muchos a reflexionar sobre el real tesoro que nos alimenta: el agua y el paisaje. Armenia y el Quindío tienen el enorme atractivo, para todo el que vive aquí y también para quien la visita, de contar con una belleza natural que ha sido reconocida por la Unesco por su singularidad. Ese paisaje no solo es importante para la contemplación, presta importantes beneficios ecosistémicos.

La protección de los ecosistemas que proveen agua debería ser una prioridad. Armenia, por ejemplo, tiene 54 quebradas en el casco urbano y está delimitada por importantes cuerpos de agua. Sin embargo, no existe una política que se preocupe, como debiera ser, por el tratamiento del recurso hídrico, por el manejo de las aguas residuales, por los vertimientos, y tampoco por la relación entre la construcción de vivienda y la demanda de agua. Puede suceder que, sin haber superado la problemática con el agua, tengamos que afrontar la relacionada con la disposición de basuras.

Solo a través de la política, entendida como la forma de tomar decisiones colectivas, podremos afrontar todos estos problemas. La desconexión entre la democracia, las elecciones, los programas de gobierno y los planes de desarrollo, han minado la confianza e inhibido la acción ciudadana. Si no reaccionamos y actuamos, nos quedaremos sin agua y avanzaremos decididamente en el camino de la desvalorización.

No existe una valorización que no se encuentre precedida por los elementos básicos de ordenamiento del territorio y la priorización de la gestión de nuestros recursos naturales. Nosotros, como actores políticos a quienes nos cabe buena parte de la responsabilidad, hoy debemos hacer un llamado a la ciudadanía para que se empodere y reconozca la mayor riqueza que tenemos: nuestro territorio, un lugar donde podremos construir una ciudad y un departamento sostenible.


Luciano Grisales Londoño
Columnista invitado

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