Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / AGO 04 2016

Doce acordes de ciudad

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Que la ciudad y la música componen uno de los binomios más fructíferos en la literatura es una verdad sabida. Basta con echar un vistazo a nuestra biblioteca y rastrear en las literaturas más próximas para ubicar obras donde lo urbano y lo musical tienen algún protagonismo o son los motivos principales de la acción narrativa o la propuesta poética.

Convertidas para algunos en clásicos, o al menos referentes obligatorios en el canon nacional, aparecen obras como Que viva la música, de Andrés Caicedo; Bomba camará de Umberto Valverde; Opio en las nubes, de Rafael Chaparro Madiedo; y De música ligera, de Octavio Escobar, entre otras. En estas novelas y colecciones de cuentos se percibe el aire de diferentes ciudades y varios géneros musicales son bailados, cantados, amados u odiados. 

A esta baraja viene a sumarse con sobrados méritos la reciente colección de cuentos Dalila dreaming de Carlos Castillo Quintero. Doce cuentos donde los sonidos y el desgarramiento del jazz, el blues, y el rock and roll se funden con el gris de la ciudad y sus calles, sirviendo de telón de fondo a las historias de los melancólicos personajes que las recorren.   

Desde el adolescente fanático de John Lennon que rememora y añora su pueblo y el amor imposible de Monina Klevens en el primer cuento, hasta la joven actriz que se pregunta si se puede escuchar música en el cielo antes de una decisión fatídica en la historia que cierra el volumen (historias hermanadas), queda claro que con su apuesta narrativa Castillo Quintero nos conducirá por los bajos fondos de la urbe que todos llevamos a cuestas, incluyendo una banda sonora acorde al desasosiego y el escepticismo de sus personajes.

Entre estos personajes, grises como el humo de los sitios que frecuentan y con algún desbarajuste emocional, es común el hombre de letras: en el cuento que da título al volumen es el director de taller de escritura y corrector de estilo que detrás de su inofensiva cotidianidad esconde un oscuro secreto. En Espiral al sur es el escritor que llega a Buenos Aires para encajar de nuevo en un círculo (trío) amoroso retorcido y nocivo.

En Hazlo por Van Gogh  son los dos aspirantes a escritores que  comparten, además del entusiasmo por poder participar en un reconocido taller literario, un oficio propio de la noche bogotana en la zona rosa de Chapinero.

Una palabra recurrente en el ámbito musical es tributo. Y es esto precisamente lo que consigue el autor con el cuento Cuatro acordes para Roque Dalton: un tributo no solamente a ese gran encuentro cultural-musical que es Rock al Parque, sino a la generación de los noventa que lo vio nacer representada por el muchacho que cifra en cuatro ediciones del festival el devenir amoroso de su vida.

Relato de una nostalgia sutil que dibuja como pocos lo que se vive más allá de la estridencia y las multitudes ávidas de rock.

Un lenguaje cuidado, voces narrativas muy bien construidas y personajes puestos a transitar hábilmente entre los relatos hacen de este un libro más que sobresaliente y que merece llegar a un amplio público lector, en especial a los amantes del cuento y a quienes disfrutan de historias que además de penetrar en lo profundo de las emociones humanas, también presentan una muy bien seleccionada banda sonora.

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