Jueves, 15 Nov,2018

Opinión / MAY 17 2018

¿Dónde está el debate?

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El 26 de septiembre de 1960, los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos por los partidos Republicano y Demócrata se enfrentaron en el primer debate televisado en la historia de esa Nación. El acontecimiento tuvo lugar en los estudios de la cadena CBS y hasta hoy, 58 años después, sigue siendo un referente significativo para las campañas políticas.

El debate transmitido por radio y televisión, sería el primero de una serie que tendría como protagonistas a Richard Nixon y John F. Kennedy. Sin embargo, fue tal su impacto en los norteamericanos que terminó siendo definitivo en los resultados electorales. Ese día, un Nixon desencajado y sudoroso luchó por más de media hora con un Kennedy pleno de vitalidad y seguro de sí mismo. Quienes siguieron el debate en la radio, afirmaron que el ganador había sido Nixon pero el aspecto y el carisma desplegado por el demócrata en televisión inclinaron la balanza en su favor. 

Kennedy se preparó ensayando preguntas incómodas y gestos acordes a cada situación. Más de setenta millones de estadounidenses vieron el primer debate. En los otros, Nixon estuvo por encima de Kennedy pero la audiencia cayó considerablemente. Al final de la competencia, el demócrata se impuso por tan solo 113 mil votos uno de los márgenes más estrechos de los comicios de los Estados Unidos.

Los debates entre candidatos presidenciales son la norma en las democracias actuales. En Norteamérica, la tradición se remonta a 1858 cuando se enfrentaron Abraham Lincoln y Stephen Douglas para hablar sobre la esclavitud, la moral y los valores. 

En Colombia los debates, con los formatos establecidos, no cumplen con el objetivo de informar y permitir la confrontación de ideas. En esa ley de la selva informativa, en que algunos medios han convertido la campaña presidencial, se viene generando una sobresaturación que aburre a las audiencias.

Claudio Fuentes, chileno, experto en ciencia política, plantea en una columna la siguiente pregunta: ¿Por qué no se piensan los debates como actividades cívicas que buscan promover la confrontación de ideas, el respeto y la formación o educación de la ciudadanía? Y le asisten sobradas razones, pues hemos tenido escenarios donde se acaba discutiendo sobre temas accesorios y no sobre aquello que es relevante para la sociedad. En cada pregunta, los televidentes casi pueden adivinar la respuesta del candidato a fuerza de haber escuchado lo mismo una y otra vez. Quizás se olvida que la finalidad de tales espacios es poner a pensar a los ciudadanos en tiempos donde abunda la información, pero escasea la reflexión profunda y crítica.

Para innovar no es preciso reinventar la rueda, basta un análisis de la experiencia nacional e internacional para transformar aquellas prácticas que han evidenciado su fracaso. En lo que resta de tiempo, medios y candidatos se verán obligados a mejorar la calidad de lo que ha sido hasta ahora una decadente deliberación democrática.


​Miembro Acore Quindío, exasesor Alto Comisionado de Paz

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