Miércoles, 26 Sep,2018

Opinión / AGO 16 2018

¿Dónde nacen los niños?

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A propósito el escritor peruano César Vallejo en su poema: La cena miserable dice: “Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde / yo nunca dije que me trajeran”.

Pregunta que está en cada individuo y que salta en los momentos de crisis existencial ¿Qué me trajo aquí y en esta condición social? No obstante ni el león o la cebra se cuestionan por qué les tocó el papel de predador e inmolado, y si lo hicieran no han desarrollado el instrumento para revelarse, solo el humano tiene esta capacidad frente a su existencia e intenta transformarla. 

Porque, ¿cuál fue la condición de futuro de un niño que nació en plena Segunda Guerra Mundial en un hogar alemán o judío o de otro que brotó en la esclavitud en Inglaterra o África? ¿Ambos están condenados a ser verdugo y víctima sin que ellos lo pidieran?

Martin Buber uno de los pioneros de la antropología filosófica en su libro ¿Qué es el hombre? Hace un recorrido por la historia de las ideas siguiendo a Aristóteles, Kant, Hegel, Marx, Feuerbach, Nietzsche, Heidegger y Scheler buscando lo que pensaron y escribieron sobre la condición humana.

Casi todos ofrecen perspectivas que dan luz a este misterio: unos lo tratan como algo singular de la creación y otros reclaman la necesidad de verlo en relación con la naturaleza; sin embargo falta la ruta decisiva de lo que Spinoza sugiere, que el humano es también naturaleza y, que luego Nietzsche formula: el hombre es un puente tendido entre el mono y el súper-hombre.

Buber apuntala otra característica de la esencia humana diciendo que en la evolución el hombre adquirió la capacidad de producir una lengua para comunicarse con sus semejantes y reconocerse como individuo. La lengua permitió que tuviera consciencia de sí y del otro forjándose una identidad. 

Agrega que esto se logra en “una conversación de verdad, esto es, una conversación cuyas partes no han sido concertadas de antemano sino que es del todo espontánea, pues cada uno se dirige a su interlocutor y provoca en él una respuesta imprevista…” Interrogar al otro es encontrar explicación de su propio ethos.

De esta manera surge la pregunta íntima que permite reclamar por una identidad y un futuro ¿Por qué estoy aquí donde no pedí que me trajeran?

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