Sabado, 22 Sep,2018

Opinión / AGO 14 2018

Economía naranja

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Como ocurre casi siempre en Colombia, aparecen temas en la escena nacional que se vuelven moda, el turno ahora es para la ‘economía naranja’, de la cual ya se empieza a hablar en todas partes, gracias a que, el presidente Iván Duque Márquez, en su campaña presidencial hizo referencia a ese modelo de desarrollo como una alternativa importante para dinamizar la economía del país. Curiosamente y aunque existe la ley 1834 de mayo de 2017, que establece como una prioridad el fomento a la economía creativa y lleva por nombre ley naranja, de la  cual fue uno de los ponentes el actual mandatario de los colombianos; son muy pocos los que la conocen, aunque por estar direccionada a la profesionalización de los productores de cultura en todas sus manifestaciones, a los creativos e innovadores de expresiones artísticas, culturales y de identidad étnica, es de suponer que los secretarios de cultura, de desarrollo social, económico y de las Tic, de las alcaldías y gobernaciones deberían tener en sus escritorios esta normativa, la cual está vigente desde el año anterior.

Pero es que, en el caso del departamento del Quindío, la mayoría de ‘genios’ en esas dependencias dedican sus ‘grandes esfuerzos’ a otras actividades relacionadas con el cumplimiento de pactos político-burocráticos y a patrocinar uno que otro evento —usualmente de muy poca monta— y a apoyar alguna obra literaria, sin importar si cumple o no, con los más básicos estándares lingüísticos; no les queda tiempo a estos sabios de la administración pública para conocer en detalle —como debe ser— el componente de la ley naranja, que promueve unas políticas de incentivos y posibilidades de financiación para productores, creativos, innovadores y gestores culturales, quienes a través de los ministerios de Hacienda, Trabajo, Educación, de Comercio, del Interior, de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Planeación Nacional, el Dane, el Sena, Findeter y la Dirección de derechos de Autor, tendrán los aliados necesarios para sus proyectos, pero se requiere el acompañamiento de las alcaldías y gobernación. Y es justamente allí donde surgen las preocupaciones, pues cómo esperar los apoyos eficaces para el apalancamiento de iniciativas afines a estas actividades, si los funcionarios locales y departamentales, desconocen la esencia de la economía naranja, la cual más allá de un atractivo programa de Duque Márquez, es una ley de la República y como tal se tiene que cumplir en todo el país. Ahora bien, en los próximos días se debe crear el Consejo Nacional de la Economía Naranja, que se encargará de la parte operativa y administrativa de esos incentivos y de los recursos, además de la forma en que se distribuirán y entregarán los aportes, como lo dispone la normativa. Este consejo será presidido por el ministerio de Cultura, por lo que alertamos a los alcaldes y al señor gobernador del Quindío, para que, desde ya establezcan con sus funcionarios las estrategias pertinentes, para lograr beneficios significativos en ese campo para los gestores culturales y para los innovadores de las tecnologías. Estos ‘sabios’ nuestros deben estructurar proyectos, ya no tienen excusa, están avisados con mucha anticipación. 

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