Domingo, 18 Nov,2018

Opinión / JUL 04 2018

Educa a tu hijo para la vida

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No mostrarle la realidad de la vida a los niños y tratar de sobreprotegerlos, podría causar problemáticas en su desarrollo sicológico y comportamental a largo plazo.

A menudo me encuentro en consulta con personas adultas o adolescentes que siguen teniendo conductas infantiles y a quienes se les dificulta establecer procesos maduros desde las diferentes esferas de su vida, personas que no logran relaciones estables y duraderas, que se frustran fácilmente en los trabajos, a los que se les dificulta mucho tomar una decisión o ser independientes en algún proceso de la vida.

Cuando estoy en frente de una persona con estas características me pregunto ¿Qué pauta en su historia permitió que se afectara su desarrollo sicológico y conductual? Sin duda en el momento de realizar la indagación e historia, me doy cuenta que el anclaje se dio en la mayoría de los casos en la relación con sus padres y el gran proceso cultural que esta implica.

Retomo el proceso cultural entendiendo la necesidad de sobreproteger a los hijos en nuestra cultura, utilizando palabras como: “pobrecito el niño”, “que pesar del niño”, “el niño no es capaz solo”. Creemos en algunos casos que los hijos son indefensos y preferimos planear todo para que ellos logren la ‘protección’ y les mostramos un mundo algo diferente al real, como hablábamos en el articulo pasado como cuidadores de laboratorio controlando todas las variables del contexto para nuestros hijos.

La sugerencia es pensar que los hijos no se quedan siendo niños toda la vida y que requieren compromisos serios y necesitan que como padres pensemos en que nuestros actos y palabras afectan su futuro.


Por lo anterior les recomiendo:

1. Amar, pero no idolatrar a nuestros hijos: hacer que se sientan queridos sin volverlos egoístas y ególatras.
2. Entender que nuestros hijos no son perfectos: familias que reconocen sus errores y los afrontan juntos, podrían generar un aprendizaje significativo de comprensión y resolución.
3. Tener nuestra propia vida y dejarlos tener la suya: Cada persona de la familia tiene una vida y es su responsabilidad, nuestros hijos no son una extensión nuestra y deben tener su espacio vital.
4. No tratemos de ser el mejor amigo de nuestros hijos: somos padres figuras de autoridad y de respeto, esta concepción regula gran parte de la conducta de los hijos, no perdamos esta responsabilidad siendo amigos.

Recordemos que en el futuro siempre agradecemos las acciones y situaciones que en la crianza permitieron aprendizaje de independencia, de afrontamiento y que nos consolidan como mejores personas ante la sociedad, en los trabajos y relaciones de pareja e incluso en la crianza de nuestros propios hijos.

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