Jueves, 15 Nov,2018

Opinión / ENE 25 2018

Educar para la vida

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Terminan las vacaciones escolares e inician los afanes por la consecución de útiles y uniformes, en tiempos de estrechez económica para muchos hogares. Los más “afortunados”, se ven enfrentados a niños y adolescentes que actúan como implacables dictadores exigiendo materiales de determinadas marcas y modelos.

Las preocupaciones por el inicio del año lectivo deberían ir más allá de la inversión económica o la atención a los lemas de mercadeo empleados por las instituciones educativas. Por ello es conveniente que los padres de familia se tomen el tiempo necesario para indagar sobre temas fundamentales como pertinencia y calidad educativa. Si bien son asuntos que parecen exclusivos de versados académicos a todos nos afectan, por tanto, debemos inquietarnos para actuar en consecuencia. 

Julián de Zubiría Samper, experto pedagogo y asesor educativo de las Naciones Unidas, sostiene que la gran mayoría de cosas que hoy se enseñan en los colegios son impertinentes. Señala además que “El enfoque no debería ser el aprendizaje, sino el desarrollo. Pues lo que uno necesita en la vida no se lo enseñan en la escuela”. 

La educación básica de acuerdo con este reconocido experto debe concentrarse en la meta de desarrollar competencias para pensar, convivir y comunicarse. Todo lo que se haga en la escuela tiene que estar dirigido a la humanización del hombre, lo cual exige algo más que resolver algoritmos aritméticos o repetir datos mecánicamente.

En algunas instituciones aún persisten prácticas relacionadas con la Escuela Tradicional. Espacios en los cuales no hay exploración ni desarrollo de las competencias necesarias para argumentar, deducir, inferir e interpretar, sino un incesante dictado de fórmulas por parte de profesores que acostumbran a enunciar verdades que sus estudiantes escriben en los cuadernos. 

Un maestro de un reconocido colegio de Armenia manifestaba su preocupación por algunos colegas que ven a los estudiantes como “vasos sin contenido donde hay que verter un líquido”. Pero también comentaba que a los profesores les es difícil enseñar lo que no saben hacer o aquello que está lejos de su cotidianidad, valga decir: pensar atendiendo diferentes puntos de vista, contrastar la información antes de asumir una posición, escuchar atentamente analizando los argumentos del otro.

Sin embargo, este no es un problema exclusivo de maestros o directivas a quienes injustamente siempre se les endilgan todas las responsabilidades. Los fracasos en la escuela son también el fracaso de los padres o de los responsables directos de los estudiantes. Algunos llegan al extremo de querer convertir cada institución en una guardería donde además de educar y entretener, exigen “disciplinar” a sus hijos abandonando todo compromiso y de paso el buen ejemplo.

Trabajar en el desarrollo de competencias que ayuden a conocernos, a comprendernos y a convivir con los otros de manera civilizada, es tarea de todos. Es tiempo de empezar a educar para la vida reconociendo en la diferencia… la gran riqueza de la humanidad.

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