Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / DIC 10 2017

El compromiso del historiador

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La historia es un acumulado de ideales y propósitos sociales que se materializan en la realidad cuando son considerados derechos civiles y constitucionales, o están encaminados a superar desigualdades de riqueza, raza o educación.

El valor moral del historiador es imprescindible en la reconstrucción y el ordenamiento de los hechos y de la memoria histórica. Parte de su quehacer es observar y determinar los acontecimientos, las circunstancias, o el transcurrir de un grupo social o humano y por cómo se enfrenta a unas realidades en la voluntad de forjar una cohesión y una dirección del desarrollo con miras a integrar a todos sus miembros en lo que demandan y requieren bajo principios reguladores en términos de normas y reglas. Es pues, como se diría, una sociedad que es dueña de su propio destino, porque es consciente de aquello que son sus dificultades y problemas y sabe cómo superarlas. Hay historia allí donde los hombres la proyectan y la realizan. La historia en perspectiva es por la forma en que se va perfilando producto de la razón y la industria humana.

Es así que la historia contiene “categorías esenciales”, como libertad, justicia, igualdad, con las cuales se da un rumbo y un sentido a los asuntos del hombre. Introduce, por ejemplo, la justicia distributiva, para premiar el mérito o excelencia de algunos de sus miembros así como para descalificar conductas antisociales.

El historiador no es alguien que se pueda liberar de estos asuntos y menos hacer caso omiso de interrogantes fundamentales. ¿Cuánto de libertad se supone que le concedemos a alguien, y por qué motivos? ¿A quiénes de nuestros semejantes consideramos iguales y a quiénes no? Por lo que se ve están referidos a grupos sociales con algún tipo de autoridad o alguna distinción. Y como tienen un carácter político-social las consecuencias de los mismos pueden tener efectos indeseados. Es uno de los problemas de hacer extensiva una idea abstracta de justicia.

Las negritudes y los indígenas han sufrido siglos de exterminio y humillación, tanto así que hasta fecha reciente se creyó que matar indios estaba permitido, y hoy se escucha decir, de parte de lo más retrogrado y retardatario de este país, que a los indígenas se les debería confinar en la selva o lo alto de las montañas pues ocupan terrenos fértiles propicios a empresas de economía agraria. Si conservamos una idea de humanidad, de normas universales y obligatorias, se optaría por el respeto a la cultura y las tradiciones, a su organización comunitaria, al uso y propiedad de tierras ancestrales, y se vigilaría la forma de integrar metas económicas y sociales con “una visión constructiva del pasado”. En justicia, y por imperativo moral, recibirían un trato especial por siglos de “esfuerzos y sacrificios”.

El rol del historiador es pues progresista y esta comprometido con unos valores morales y sociales, y esto porque en su visión de largo plazo se esfuerza tanto en reconstruir el pasado como en configurar el futuro. Su compromiso es con la objetividad histórica, y con ella estructura y moldea una realidad social, económica, política…e interpreta los hechos con una mirada crítica y renovada para enfrentar posverdades y delirios enfermizos.

 

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