Martes, 21 May,2019
Opinión / ABR 18 2019

El crepúsculo social

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Friedrich Nietzsche, en El crepúsculo de los ídolos, hace una revisión crítica de los fundamentos del pensamiento en Occidente, y en un ensayo titulado “Los cuatro grandes errores” señala que uno de los desvíos del ejercicio de la razón es la confusión de la consecuencia con la causa, agregando que es uno de los hábitos más viejos y más jóvenes de la humanidad.

Coloca como ejemplo a un individuo italiano, Ludovico Cornaro, quien después de llevar una vida licenciosa hasta los cuarenta años, ante el peligro de sucumbir, decide someterse a un régimen de austeridad con escasa alimentación convirtiendo su dieta en un método para lograr una larga vida, publicado en libros cuya venta lo hacen famoso y rico; Nietzsche, con este ejemplo, señala que el tener que acudir a este régimen no fue la causa de su supervivencia sino la consecuencia de sus desmanes.

En esta misma perspectiva argumenta que los moralistas se toman la cabeza con las manos y predicen la perdición de la sociedad a causa del vicio y el lujo; pero el filósofo, con su aguda mirada sobre la psiquis humana considera que la causa de la perdición de una porción de la colectividad no es el lujo ni el vicio sino su debilitamiento moral, la falta de voluntad, el relajamiento con sus metas que lo conducen como consecuencia al vicio y a lujos porque necesita estímulos cada vez más fuertes.

Es un hábito viejo que rejuvenece, como lo podemos observar en las explicaciones dadas por los mismos moralistas sobre el consumo de psicoactivos. De un lado, los ideólogos de los países consumidores sostienen que el envenenamiento de la juventud se debe al ofrecimiento de cocaína; y, por otra parte, los ideólogos de los países productores se defienden argumentando que es la demanda la que incentiva la producción.

No se trata pues, siguiendo al filósofo, que el consumo de drogas ilícitas sea una causa, sino, la consecuencia de una sociedad en crisis. Diríase que tanto los productores como los consumidores han perdido la voluntad de construir colectividades que se propongan metas dignas de superación y de forjar historias cuyo legado sea el orgullo de los héroes que la emprendieron. 

De este modo, percibimos una rueda patinando en un lodazal donde la causa es la consecuencia y la consecuencia la causa.


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