Jueves, 15 Nov,2018

Opinión / SEP 03 2018

El cuyabrito

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El Cuyabrito de Oro ha llegado a su décima séptima versión, en medio de luchas denodadas de sus organizadores.

Es un evento que merece admiración, pues cumple una función invaluable atizando la hoguera del amor por lo nuestro, fortaleciendo la identidad y permitiendo que las nuevas generaciones rescaten nuestros aires musicales, los reinterpreten y mantengan vigentes en la historia.

Un puñado de niños, adolescentes y jóvenes, hicieron durante el fin de semana, gala de su talento. El centro metropolitano de convenciones de Armenia fue el escenario que permitió que la música y la danza brillaran en todo su esplendor.

Vale la pena mencionar la relevancia del apoyo oficial a este tipo de iniciativas. Son quijotescas las batallas que deben darse para gestionar el dinero que permita llevar a cabo festivales como este y es importante que se valore el liderazgo y convicción de quienes se dedican a estas causas.

Por todos es sabido que el Cuyabrito de Oro, como muchos de su especie, ha hecho esfuerzos impresionantes para mantenerse. Es necesario que se garantice su existencia y que el ministerio de Cultura y las secretarías del área a nivel local, les brinden el máximo apoyo.

Artistas provenientes de Antioquia, Bogotá, Valle del Cauca, Boyacá —entre otras— y los rincones del Quindío, hicieron gala de capacidades excepcionales. Voces de ángeles, habilidad para la ejecución de instrumentos musicales, pequeños cuerpos moviéndose con la cumbia y rostros preciosos, enmarcados con flores, regalando sonrisas de amor y alegría.

Una competencia sana, edificante, propositiva; respaldada en cada participante por procesos de constancia y amor por la música… detrás de cada rostro infantil o juvenil, los nombres de maestros y mentores, con la esperanza por mantener viva la identidad.

Un banquete para aquellos que durante los tres días del evento concurrieron a las galas. 

Es necesario participar. Valorar lo que representa ser la sede de uno de los festivales más reconocidos a nivel nacional y recibir con alegría a los artistas que llegan en busca de un sueño.

Finalmente, debemos poner la mirada sobre la importancia de nutrir este tipo de vocaciones en los niños, adolescentes y jóvenes. Es conmovedor escuchar ´la piragua´ en una voz infantil, es un encuentro entre épocas: el pasado en la letra y el presente y futuro en la interpretación. 

Niños ejecutando tamboras, guitarras, tiples… las faldas generosas, semejando mariposas, moviéndose con los aires del joropo…

El valor cultural y humano del Festival es inconmensurable, por lo cual, debemos sentirnos orgullosos y agradecidos con sus fundadores.

Que el Cuyabrito de Oro viva siempre, que sus ganadores lleven los aires de los rincones de este país poema por el mundo y que la música nuestra, trascienda al tiempo.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net