Lunes, 24 Sep,2018

Opinión / MAR 26 2017

El Deportes Quindío sí tiene dueño: el municipio de Armenia

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En mala hora, el Deportes Quindío, creado en 1950 por un grupo de armenios notables, cayó en poder del señor Hernando Ángel Montaño. Nada tengo contra este caballero, que ha trabajado toda su vida por el fútbol, que ha contribuido al surgimiento de jugadores notables que hoy forman parte de equipos nacionales y extranjeros, y que, en fin, parece haber vivido para el fútbol y del fútbol. Para él este deporte ha sido un negocios lícito, que le produce ganancias limpias.


Todo lo escrito es verdad, pero para los armenios y para todos los quindianos hay un solo problema: ellos sienten que se les ha arrebatado algo que era de la ciudad capital y de todo el departamento. Esto explica que no tengan afecto por este Quindío en manos extrañas: en manos de alguien que lo tiene como un negocio, y a quien no le importa que sea el último de la Primera División del Fútbol Profesional, en el torneo organizado por la Dimayor (si no en este momento, al menos en los torneos que se jugaron hasta el día 31 de diciembre de 2016). O que descienda a la Segunda y siga en lugares vergonzosos: al fin y al cabo no hay riesgo de pasar a la 

Tercera, porque, no la hay. Digámoslo claramente: el Quindío, en el sentir de los quindianos, ya no es de Armenia y tampoco del Quindío: lo ven como algo ajeno. Y tienen razón: eso explica que los 12.000 aficionados que llenaban en 1951 el improvisado San José (milagrosamente construido en 90 días), para aplaudir a Urruti, Maffei, Lombardi, Garelli etc; hoy hayan desaparecido, unos muertos -pues “La Pelona” no perdona- y otros avergonzados, como yo (por ejemplo), al ver al Deportes Quindío (que en Febrero de 1951, en su primer partido en Armenia, derrotara 3 por 1, al Deportes Caldas, campeón de 1950); convertido en un “equipito” de 5a. categoría, hazmerreír de todos… Es cierto que el fútbol es un juego: pero es un juego serio, que no tiene que estar en manos  siempre ávidas de billetes ni de negociantes a quienes solamente les interesan sus propias ganancias. Y no lo digo refiriéndome a nadie en concreto: al que le caiga el guante, que se lo chante…

Lo que los quindianos, y con mayor razón los armenios, no podemos olvidar es una verdad incontrovertible: el Deportes Quindío sí tiene dueño.  Y  no solamente uno sino centenares de miles: pertenece a los cuatrocientos mil armenios. ¿Por qué lo afirmo? Sencillamente, porque  jurídicamente, en estricto derecho, su dueño es el Municipio de Armenia, persona jurídica de derecho público. Y esto no es algo sin importancia. Por el contrario, la tiene y bastante, tanto en lo económico, como en lo fiscal y  en lo jurídico, aún en lo penal. Veamos.

El Deportes Quindío es un bien fiscal, hace parte del patrimonio de la persona de derecho público que es el Municipio de Armenia. Por ser bien fiscal reúne las calidades propias de esta clase de bienes, entre ellas la imprescriptibilidad, la inalienabilidad y la inembargabilidad. Todo, de conformidad con el texto expreso del artículo 63 de la Constitución.

Habría que preguntarse si se justifica que el señor Ángel Montaño, quien tiene el equipo en calidad de comodatario, pueda adueñarse, por sí y ante sí, por la negligencia de las autoridades del Municipio de Armenia; de los miles de millones de pesos que recibe anualmente Deportes Quindío de la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor. Baste decir que en 2015, este equipo recibió de la Dimayor ocho mil millones de pesos ($ 8.000.000.000,00). ¿Sabe esto el señor Alcalde de Armenia?

Hoy, a diferencia de lo que ocurría a comienzos del siglo XXI, cuando el Deportes Quindío fue entregado en comodato, tener un equipo  profesional sí es un buen negocio para su dueño. Y no hay excusa ninguna para que las autoridades municipales de Armenia, se abstengan de recuperar el equipo. Esa conducta omisiva podría implicar que incurrieran  hasta en una responsabilidad penal, por dejar que un particular, en este caso el señor Ángel Montaño, o una sociedad creada y controlada por él, siga usufructuando ese bien fiscal.  Pienso que el señor Ángel Montaño, quien, repito, recibe anualmente varios miles de millones de pesos que le entrega la Dimayor, por diversos conceptos relacionados con el Deportes Quindío, directamente o por intermedio de la sociedad que él creó y que figura como dueña del equipo Quindío;  podría estar incurriendo (sin proponérselo y sin siquiera darse cuenta) en el delito de enriquecimiento ilícito, delito que el Código Penal define así:

“El servidor público que durante su vinculación con la administración, o quien haya desempeñado funciones públicas y en los dos años siguientes a  su desvinculación, obtenga, para sí o para otro, incremento patrimonial injustificado, siempre que la conducta no constituya otro delito, incurrirá en prisión de seis (6) a diez (10) años, multa equivalente  al doble del valor del enriquecimiento, sin que supere el equivalente a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de seis (6) a diez (10) años.” 

Delito que cometería también, necesariamente, el funcionario público que, por omisión en el cumplimiento de sus funciones, permitiera el enriquecimiento del tercero.  ¿Cuál, en este caso concreto, sería el funcionario responsable? La respuesta es obvia: sin embargo, pienso que el llamado a responder la pregunta es el propio Alcalde de Armenia.

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