Domingo, 15 Sep,2019
Opinión / JUN 12 2016

El desorden generalizado

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Una de las finalidades del gobierno es el mantenimiento del orden. ¿Por qué? Sencillamente, porque éste es uno de los presupuestos de la vida social. Cuando una comunidad se desordena, uno de los bienes o derechos fundamentales más apreciados, a la altura de la vida y el honor, tiende a desaparecer o a limitarse: la libertad. Con toda razón, en el escudo de Colombia aparecen unidas las dos palabras: libertad y orden.

De otra parte, la consecuencia necesaria del desorden es la decadencia de la autoridad legítima. En medio del desorden,  la ley, única fuerza de los débiles, pierde vigencia. Los que tienen la fuerza del dinero o de las armas imponen su voluntad.

El país vive una de sus peores épocas. Hoy 7 de junio, cuando escribo estas líneas, se han completado casi diez días de un paro campesino que, en lugar de disminuir, aumenta. Como ocurrió hace unos años, el presidente Santos parece preguntarse “cuál paro”, como si ni él ni sus subalternos se dieran cuenta de las carreteras bloqueadas, los frutos que no pueden llegar a los mercados, los perjuicios de los viajeros etc. ¿Qué hace el gobierno? Amenazar con una autoridad que no tiene y que, por lo mismo, no impone. Y ha llegado Santos hasta el extremo de anunciar que se reunirá con los dirigentes del paro agrario el 22 de junio, para solucionar sus problemas. La pregunta es elemental: ¿Qué no pasará en 15 días más de protestas? ¿Por qué no reunirse hoy mismo, como lo haría cualquier persona?

Y como si lo anterior fuera poco, ya ha comenzado el paro de los transportadores. Sostienen los camioneros que las promesas del gobierno, hechas hace 13 meses, no se han cumplido.

Es lamentable que la debilidad que el gobierno ha demostrado al negociar con los caballeros de las Farc, en La Habana, haya convencido a la gente de que las vías de hecho son  el único camino para que las peticiones de la gente   sean escuchadas.

Esta desidia  de los gobernantes tiene diversas causas. Una de ellas, es la incapacidad del Congreso para ejercer el control político:  se limita a aprobar, sin leerlos (como se demostró  en el caso ridículo de Simón Gaviria), los proyectos que presenta el gobierno. La moción de censura ha existido desde cuando entró en vigencia la reforma constitucional de 1991. ¿Durante estos 25 años ningún ministro ha incurrido en falta o conducta que merezca la censura? Indudablemente  muchos han incurrido en ellas. Pero siempre el ejecutivo ha dominado el Congreso, hasta llegar al extremo de hoy, cuando es apenas un comité de aplausos. Ni más ni menos.

Nada habría sido más perjudicial que lo que hoy tenemos: a base de halagos, de amenazas, de toda clase de métodos innobles, se ha conformado una supuesta “unidad nacional” cuya  finalidad real es el ocultamiento de los errores y de los desmanes del gobierno. Alguien decía que detrás de toda unanimidad había una gran infamia. Y tenía razón.

No tiene sentido ni justificación que unos delegados del gobierno acuerden con cabecillas de una organización criminal reformas a la Constitución, para que el Congreso, irreflexivamente, a las volandas, las apruebe. Después habrá una presión indebida sobre la Corte Constitucional para obligarla a pasar por alto los quebrantos a la Constitución, que son ostensibles e incontables.  Hay que tener presente que la máxima expresión del desorden es la violación de la Constitución.

Y una vez concluida la tragicomedia de La Habana, vendrán otras. La primera, con el ELN. Seguirá la correspondiente al EPL. Y algunas más…

Y como hay que hablar del tema impuesto por el gobierno, una pregunta: ¿qué pasará en los lugares de concentración de los bandoleros de las Farc, aún armados?  Todo indica que seguirán en lo mismo de estos últimos años: dedicados a extorsionar. Por eso, lo peor que podría ocurrirle al Quindío, que padeció la peor violencia entre 1946 y 1957, sería convertirse en albergue de una cuadrilla de estos delincuentes. ¡El solo pensarlo horroriza!

Si faltara una prueba del desorden generalizado, ya viene la reforma tributaria: la tercera de Santos, que aumentará el IVA al 19% y más… Y como siempre, será la última y definitiva…(¿de este año?)…


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