Lunes, 21 Oct,2019
Opinión / MAY 29 2019

El drama interminable

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los latinoamericanos tenemos la incomparable e irrepetible oportunidad de edificar, a partir de la más dura crisis humanitaria vivida por país alguno en la historia del continente, una real integración, fundada, no en el acervo retórico de la diplomacia, en discursos electoreros de ocasión, sino en la cruda tragedia de una sociedad birlada y burlada, abusada, objeto de humillación, condenada al hambre, y demás privaciones elementales, sin opción diferente a morir a manos de sus victimarios o a buscar por los caminos del mundo una digna opción de existencia. Comprender la monstruosidad del daño infligido a la población del vecino país por la camarilla chavimadurista, es un buen comienzo; después, dispensar a los caídos en desgracia la oportunidad de rehacerse, de supervivir en un medio no hostil, rodeados de tolerancia y afecto.

Hay protagonistas silenciosos pero efectivos en el manejo de la penosa migración venezolana dentro de nuestras fronteras. Conductores de vehículos de carga, improvisados para pasajeros dispuestos a soportar sobre superficies sin mínima protección, expuestas al brusco movimiento, a temperaturas extremas, hambre y sed, incluidos niños y personas de edad avanzada; autoridades policiales, de tránsito y transporte, presentes en los corredores viales, quienes a la vista del drama deben llevar su tolerancia a máxima elasticidad respecto a infracciones de tránsito; ciudadanos del común, movidos por la crudeza del trance aportan alimento, vestuario, dinero; a más no poder un gesto amable, a la interminable procesión del desamparo, del desarraigo, de la miseria. ¿Cuántos hermanos venezolanos han transitado por nuestras vías hacia los países del sur? ¿cuántos faltan por hacerlo y cuántos recalan en campos y ciudades colombianas, donde hallan por lo menos refugio momentáneo a su tragedia? Las cifras divulgadas por instituciones oficiales y privadas coinciden. Entre dos y medio y tres millones de seres humanos conforman el enorme ejército de exiliados económicos y políticos. Cada día son miles las víctimas de la obcecación irracional de una caterva de bandidos adueñados por la fuerza de todo un país, que deben abandonar su tierra ancestral, sus pertenencias y afectos, sin posibilidad de reacción distinta al éxodo. 

Latinoamérica toda, su ciudadanía, a tono o en contravía de gobiernos, de creencias, convicciones filosóficas, ideológicas o políticas, tendría que transformar este negro episodio en el cual los formalismos se imponen sobre la razón objetiva, sobre los derechos humanos fundamentales, en una oportunidad de triunfo de la vida en dignidad sobre despotismos asesinos y tiranías irracionales. Ningún argumento puede esgrimirse para explicar, menos para justificar, cuanto viene ocurriendo en la patria bolivariana. Si las instituciones regionales, nada decisivo pueden aportar como solución en momentos tan luctuosos para millones de habitantes de un país, significa que su vigencia es inútil, que mecanismos y documentos carecen de valor práctico frente a la cruel y absurda arbitrariedad de un régimen. Y Colombia en equilibrio en el filo de la navaja…


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