Sabado, 22 Sep,2018

Opinión / AGO 09 2017

El esperpento madurista

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"...El caudillismo como una fatal respuesta de la mentalidad venezolana a la democracia fue decisivo para la desaparición del sueño de una gran República..."


El acongojante espectáculo de ver a través de nuestros malos noticieros de TV a los miles y miles de venezolanos atravesando la frontera, huyendo despavoridos, niños, adolescentes, madres aterradas, ancianos vacilantes, una visión de la agresión contra lo humano que sacude nuestra tibieza moral, nuestra comodidad. ¿No estamos viendo en repetición la tragedia del pueblo sirio, los sufrimientos de los refugiados a causa de un infierno desatado por la crueldad de Bashar al Ásad y sus mazmorras, los cientos de fusilados, de gaseados pero también por la indiferencia de Obama ante la escalada de la guerra y por lo tanto a una calculada violencia contra la población indefensa? El refugiado hace parte hoy de la desaforada inhumanidad que vivimos como resultado, una vez más, del fracaso de la razón ante el fanatismo y ante los poderes ciegos de dictadores sin alma, del llamado cínicamente equilibrio de poderes, aberrantes abstracciones para las cuales para nada cuenta el padecimiento de un niño extraviado en una frontera. Venezuela tal como objetivamente la describió Moisés Naím es hoy un Estado narcotraficante que desde un comienzo disfrazó sus tropelías bajo el señuelo de una supuesta revolución de tipo claramente populista, una mezcolanza entre un Bolívar caricaturizado y un antiimperialismo que nada tienen que ver con un marxismo científico, con la existencia de una estructura política de base donde la representación popular es real y no la de los “representantes del pueblo” escogidos estratégicamente por pertenecer directamente a la militancia del chavismo. El caudillismo como una fatal respuesta de la mentalidad venezolana a la democracia fue decisivo para la desaparición del sueño de una gran República.

Fidel Castro y su hermano son hijos de la alta burguesía cubana y se han cuidado de hacer ostensible esta procedencia como lo ha puesto de presente su racismo. La suya es la dictadura de hombres ilustrados abocados por las circunstancias históricas a fungir de revolucionarios marxistas, no es el caso del chavismo y sobre todo del madurismo, provenientes de los estratos populares, no de aquellos que llegamos a calificar como el pueblo, origen de unas formas culturales necesarias sino del detritus urbano donde las estigmatizaciones y traumas sociales causaron profundos e inocultables resentimientos como lo pone de presente el fascismo de los llamado Colectivos donde la criminalidad y el hampa se camuflan como fuerzas de choque. Enriquecidos sin moderación alguna, esta dirigencia ha llegado a un momento en que, tal como Beatriz Sarlo lo ha descrito respecto a los grupos de corruptos kirchneristas, terminaron cayendo en la caricatura de esa aristocracia que presuntamente detestaban pero cuyo modelo quieren adoptar. Es la reacción del nuevo rico, del desclasado, caer en la vulgaridad y la ordinariez. ¿Por qué sueñan con terminar sus días en Miami? ¿No visten y se comportan esta parodia de jerarcas como dictadorzuelos africanos para los cuales el dinero y el poder no logra comprar el buen gusto, la elegancia? El lumpen, la mañesada termina finalmente por devorarlos pues ni siquiera en su caso, podríamos hablar de una dictadura sino estéticamente de un esperpento. En Bolívar se dio la tragedia, en el caso de Maduro una farsa sangrienta.

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