Lunes, 12 Nov,2018

Opinión / JUL 26 2018

El final de la ilusión

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Vivimos en tiempos en los que encanta más parecer que ser. El afán por figurar, por alcanzar éxitos efímeros, ha llevado a que algunas personas se valgan de todos los recursos para llegar cada vez más lejos.

Hoy día es visible el síndrome del exitismo, esto es, el deseo desmedido por alcanzar el éxito. No me refiero a aquel que se obtiene con esfuerzo, constancia y humildad, sino a quienes para alcanzarlo practican el todo vale sin que importen trampas, intrigas, zancadillas y toda suerte de artimañas —creadas o por inventar— con tal de llegar a la cima.

Pero ¿cómo reconocer a un sediento de éxito? Es sencillo. Ellos tienen mirada fría, cuello frío, y un no se qué lejano, artificial y repugnante.  Son los insaciables. Son los hostiles a cuanto no les favorezca.  Son los buscadores de sí mismos que buscan siempre por delante, sin darse cuenta que se extraviaron de tiempo atrás.

El éxito es su eje, su razón de ser, está por encima de su vida. Por él viven y se desviven. Ellos odian la impuntualidad y la falta de respeto estricto a los horarios, porque en esos instantes vacíos tocan con sus cuidadas manos la soledad y lo que ella representa.  No una soledad producida por sentimientos o raciocinios; no una llena de desgracias, anhelos e incomprensiones, sino una soledad vacía, es decir, llena de objetos que de verdad no estiman, de amigos que necesitan pero que al final no los quieren, porque a fuerza de tenerlos o ganarlos han llegado a convertirse en insignificantes o accesorios.

A los hambrientos de éxito, los observa uno en cócteles y reuniones sociales desplegando sus alas como pavos reales, buscando reconocimientos ajenos, sonriendo aquí y allá, alabando aparentes logros de otros en procura de recibir el mismo tratamiento.

¿Quién decide hoy día lo que es realmente el éxito o el triunfo? ¿Acaso una sociedad consumista y hundida en el egoísmo que con muchas dudas, podríamos decir que está en sus cabales? Conseguir un buen trabajo, gozar de reconocimiento, presumir de ser amigo del poder, responder a criterios estéticos artificiales, usar marcas exclusivas, tener dinero o posesiones, ¿eso es acaso ser exitoso?

Alcanzar el éxito a cualquier precio, quizá sea una de tantas ilusiones vanas que persiguen hoy día muchos seres humanos. Sin embargo, lo peor llegará al final de su falsa ilusión pues momentos antes de reventar de un infarto de miocardio, percibirán lo triste que ha sido no usar el corazón más que para morirse.

Adenda: Agradecimientos a nuestra VIII Brigada y al departamento de Policía Quindío por regalarnos un maravilloso desfile el 20 de julio. El pueblo demostró con creces su aprecio y admiración por las Fuerzas Armadas. 

*Exasesor Alto Comisionado de Paz – Miembro ACORE Quindío

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