Domingo, 23 Sep,2018

Opinión / FEB 11 2018

El Foro de Davos

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Cada año se celebra el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. El 26 de enero de 2018 culminó el último. Fue la edición número 40 de un foro de carácter público-privado, que reúne a los principales mandatarios de organizaciones internacionales, dirigentes de varios países, líderes de empresas y personas de prestigio mundial.

Oxfam Internacional hace un estudio de los informes presentados en este Foro, de los cuales resalto datos escandalosos sobre la desigualdad extrema: A pesar del crecimiento económico, casi 40 millones de personas aún viven por debajo del umbral de pobreza. La crisis de desigualdad se está agravando.

El 82% de la riqueza mundial generada durante el año pasado fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras el 50% más pobre, 3.700 millones de personas, no se benefició en lo más mínimo de dicho crecimiento. “Nuestro modelo económico fallido está incrementando la brecha entre ricos y pobres. Este modelo posibilita que los más ricos sigan acumulando inmensas fortunas mientras cientos de millones de personas ven socavados sus derechos fundamentales y tienen que luchar cada día para sobrevivir con salarios de miseria, especialmente las mujeres”. La bonanza del año 2017 fue para los milmillonarios.

Ese año se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con nuevo milmillonario cada dos días. En solo 12 meses, la riqueza de esta élite ha aumentado en 762.000 millones de dólares.

Esta situación también se refleja en nuestro país: ocupamos el segundo lugar en desigualdad en la región, el noveno en el mundo; el primer lugar en porcentaje de concentración de tierras. Se refleja esta desigualdad en el enriquecimiento de políticos tradicionales y algunos banqueros. Son cada vez más frecuentes los escándalos de corrupción y lo peor con la impunidad imperante. En esta campaña electoral es difícil encontrar candidatos que no expresen públicamente su preocupación por la desigualdad y la corrupción.

Pero las personas y los partidos no se conocen por lo que dicen, sino por lo que hacen: hay que ver cuántos de esos dirigentes están reemplazando en las listas para el Congreso a familiares, están privados de su libertad o son judicializados, y cuántos tienen procesos activos y hacen parte de esas listas.

Para acabar con esa desigualdad hay que arreglar este país que sí tiene arreglo si no se sigue votando por los mismos con las mismas.


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