Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / MAY 31 2018

El futuro que queremos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ser humano es estar en un proceso permanente de inventarse y reinventarse, somos un espacio abierto apuntando todo el tiempo hacia el futuro. Tal como anotara Shakespeare: “Sabemos lo que somos, pero aún ignoramos lo que podemos llegar a ser”. Así las cosas, toda realidad es susceptible de ser modificada. 

Para los ciudadanos no debería ser suficiente indignarse en discusiones de café por el estado actual de las cosas, pasando de largo sin el menor asomo de vergüenza por lo que sucede a nuestro alrededor. Sabemos que para muchos es molesto ser interrumpidos, en triviales conversaciones salpicadas de frivolidades y apuntes simples, con  preguntas encaminadas a abordar temas esenciales para nuestra vida individual o colectiva.  
¿Cuáles son los temas que dominan prácticamente toda conversación en nuestros días? ¿Cuál es el eje de casi toda la discusión pública? Si recogiéramos palabras comunes en tanto diálogo estéril encontraríamos, en el mejor de los casos, que se habla de política, corrupción, inseguridad, falta de educación, desempleo, injusticia e inequidad. 

Así, en medio de ese devaneo que distrae y al que culturalmente nos acostumbramos, le hemos abierto el camino a quienes centran su diálogo en las formas de esquilmar los recursos públicos, nuestros recursos, para  beneficio propio y el de sus secuaces. Así lo controlan todo haciendo uso de aquella experticia propia de quienes conocen todos los atajos.

La pregunta es ¿cómo transformar ese malestar colectivo para aspirar a un futuro distinto? Por fortuna asistimos a un despertar social en el cual esta región no es la excepción. Ya se habla en voz alta sobre la imperiosa necesidad de ejercer una ciudadanía responsable, algo que va más allá de acatar la ley y cumplir las obligaciones tributarias. Me refiero a una ciudadanía activa que no sea indiferente a las duras realidades de la vida diaria del pueblo y de su propia vida. Una ciudadanía que no puede seguir entretenida en superficialidades, ignorando las aterradoras consecuencias de confiar lo público a pésimos administradores, sin proyectos de largo plazo y con bolsillos anchos.

Así las cosas, bienvenidas las verdaderas iniciativas de ciudadanía responsable que tienen como propósito común transformar la realidad. Sin embargo, debe actuarse con ojo avizor para alertar sobre quienes quieren ‘renovar la política’ empleando líderes jóvenes como figuras decorativas para lavar su deteriorada imagen. Ojalá no cejen en su empeño esos ciudadanos que ya están trabajando. No olvidemos que la mejor forma de predecir el futuro es construirlo y depende de nosotros, no, de esos otros.

Adenda: Confirma una vez más su alta calidad la universidad del Quindío con la presencia del experto marroquí Jamil Salmi, quien habló sobre ‘Los nuevos desafíos para la educación superior en el siglo XXI’. Uno de sus mensajes: El aprendizaje no se detiene, es un proceso a lo largo de la vida.   


* Miembro ACORE Quindío, exasesor Alto Comisionado para la Paz

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