Lunes, 22 Jul,2019
Opinión / JUN 19 2019

El impune genio del mal

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El desastre del sistema vial colombiano es apenas un eslabón en la cadena de desgracias sobrevinientes al paso por la presidencia del país, durante ocho años, de Juan Manuel Santos.

No es solo la vía al Llano, de imposible estabilización en su trazado original, ni el cruce de la Cordillera Central —Túnel de La Línea incluido—; tampoco el corredor Buga-Buenaventura, o la fétida —por paradigma de corrupción— Ruta del Sol, o la falsa reactivación del ferrocarril; todos proyectos publicitados como logros de una ilusoria estrategia infraestructural con intención electorera, dirigida a madrazo limpio, botas pantaneras y casco de falso ingeniero, por Germán Vargas Lleras, vicepresidente del traidor, a la postre tan fallida como su aspiración presidencial. Una treintena de intenciones, que no proyectos sólidos, entonces llamados con pompa, los 4G, en estado incipiente, y una interminable serie de obras inconclusas, varias de estas señaladas focos de corrupción, como los antes citados, son el deplorable legado infraestructural de dos periodos presidenciales signados por el engaño, la capitulación frente al delito, el derroche, y la corrupción con sabor a mermelada.

No son el fracaso en realizaciones constructivas y la dilución en la nada santista de la mayor bonanza petrolera de la historia, los peores capítulos de la debacle. El daño mayor infligido contra el país y contra su pueblo de bien, cumplidor de leyes y normas, es, a no dudarlo, la rendición del Estado —sin antecedentes en la historia del orbe— frente al poder del narcoterrorismo, arrasando con los fundamentos éticos de las sociedades civilizadas, burlando la decisión mayoritaria de los colombianos expresada en las urnas, opuesta a los pactos con la delincuencia, erigiendo la mentira y la impunidad como nuevos símbolos patrios, deshonrando el otrora digno premio Nobel, propiciando el perverso boom de narcocultivos y narcotráfico, pervirtiendo como nunca antes el Congreso Nacional a base de compra de conciencias y de presencias indeseables, sumando a la nómina oficial los medios de información, colocando instituciones académicas y altas cortes —recordemos: el presidente de la Corte Suprema, hoy día presidiario— en condición de celestinas del envilecimiento de su propia rama del poder. Sentencias amañadas, politizadas, concesivas con el dispensador de golosinas, y el establecimiento del suprapoder de la JEP, con magistrados elegidos por personas ajenas a la juridicidad, pero proclives a la extrema zurda, protagonista de sonados episodios de corrupción, son hechos no eludibles que hoy detonan en la realidad nacional, cubriéndonos de oprobio y vergüenza.

Que Juan Manuel Santos es un impune genio del mal, culpable de gran parte de nuestros actuales factores de violencia, atraso social y económico, pobreza extrema, drogadicción, deterioro de la salud y educación públicas, emisor del mensaje a las nuevas generaciones: el macrodelito sí paga y muy bien, pocos lo dudan. ¿Vendrá algún día el castigo? ¿Hay un pacto de silencio Santos-Duque?

 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net