Lunes, 23 Sep,2019
Opinión / OCT 21 2018

El influjo de las palabras

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El poder de las palabras está en la capacidad de nombrar; dar nombre a las cosas y a los individuos, que si no lo tuvieran es como que no existieran. De modo que las palabras nombran, designan, contienen, describen, ordenan, definen, mencionan, denotan… se encuentra en ellas los límites de lo que se concibe por realidad.

Decir “río turbulento” es suficiente para dar idea de aguas corrientosas, henchidas y amenazantes, que por su caudal, parece salirse de madre y arrastrar consigo todo lo que se encuentre a su paso.

La palabra comprendida en la oración, tiene una función figurativa capaz de representar el fenómeno tal y como si fuera en realidad, y podrá ser reconocido por su nombre en cualquier momento y en todo lugar. La mayoría de las cosas de las que tenemos conocimiento son el producto del ejercicio mental ligado a las palabras; aprendemos a verbalizar el mundo y esto tiene efectos prácticos sin necesidad de haberlo experimentado. 

Quien estudia la hidráulica aprenderá de los fluidos, su naturaleza y funcionamiento, sin que tenga que observar cada arroyo o sustancia para tal efecto, pues por lo regular aprende de estos a partir de figuras, libros, gráficos y por la inducción descriptiva y expositiva de un profesor. Aprenderá a resolver cuestionarios de libros de texto y conocerá las leyes de los fluidos con sus ecuaciones y transformaciones, y lo hará con tal solvencia que calculará los efectos reales de una corriente sin que haya visto nunca una de ellas. Se sumerge en esos mundos por el poder de lenguaje, que en su caso, es el lenguaje de la ciencia. 

El carácter práctico de las palabras es suficiente para informar, discernir, dialogar, contraponer, evidenciar, afirmar, dudar, etc., así que no solamente experimentamos con inobservables e inaccesibles componentes de la materia, sino que transformamos e intervenimos esas realidades de acuerdo a necesidades y conveniencias por el ejercicio de la palabra, que puesta en lugar de las cosas descubre mundos que superan el alcance de la experiencia sensorial y permite sacar de la ignorancia conocimientos que de lo contrario se quedarían sumergidos de una vez y para siempre. La palabra es por tal motivo un instrumento imprescindible a la imaginación y el conocimiento. Y no vienen solas, se acompañan de un tejido de imágenes y sensaciones provenientes de otras palabras y otros contextos que a su vez informan del mundo y de realidades que se anticipan como nuevos horizontes, todo esto porque la palabra, de algún modo, se inscribe en la superficie de la cosas, de tal modo que sin ellas es imposible avanzar y profundizar en la realidad, las razones de la existencia y el recurso de la memoria.


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